El sitio del bebe, el niño y su familia

Prof. Psicopedagogia Lita Alfaya

Lic. en Psicopedagogía. NATAL: Desde una visión humanista, nos dedicamos a la maternidad, capacitando profesionales y asistiendo a embarazadas, parejas y familias para lograr la construcción de vínculos saludables. Aguilar 2011 (1426) Ciudad de Buenos Aires, Argentina - Teléfonos (011) 4706-2080 / 4788-1639

La primera infanciaIntroducción

Hoy se sabe sin duda que los primeros años son de vital importancia para la vida futura, porque en ellos se construyen los fundamentos de la identidad, una base afectiva segura o no.

Y sabemos también que el nacimiento de un hijo es un momento crítico en la vida de los hombres y las mujeres convertidos en padres y en madres, se descubren posibilidades y limitaciones que hasta el momento desconocían de mismos.

Es importante que los nuevos padres se informen del proceso evolutivo de un niño para comprender sus comportamientos y establecer una buena comunicación.

Es necesario que se conozcan a sí mismos para pensar y reflexionar acerca de sus propias actitudes y sentimientos respecto de sus hijos.

Esta sería la Tarea de la Prevención. ¿Prevenir qué?. La salud social, psíquica y espiritual del niño. Preparar o Revisar la primera Estructura de Acogida (de recibir bien) cuyo ámbito específico es la familia.

Los padres que enseñan también aprenden, y los hijos que aprenden también enseñan.

Los niños muy chiquitos se expresan cuando sufren psíquicamente con disfunciones del apetito, del sueño, hiperactividad o apatía, atraso en el lenguaje o en la motricidad, dificultades en la separación de la mamá.

En la crianza se presentan problemas, dificultades, momentos difíciles familiares que pueden resolverse bien si los padres están advertidos, informados o pueden ser ayudados.

Resolverse Bien significa restablecer la comunicación, la comprensión mutua. Revertir el malestar en Bienestar, desanudar conflictos, aliviar el sufrimiento.

En general los padres no saben de las dificultades de estos primeros años, y son estas dificultades las que preparan un futuro social que puede presentar problemas.

Más tarde esas dificultades se transforman en problemas de adaptación a la escuela, problemas de aprendizaje o de la conducta, una excesiva dependencia o un desarrollo disarmónico.

Los padres quieren a sus hijos pero a veces no los comprenden en medio de los problemas de sus propias vidas. Si ayudamos a los padres se ayuda al hijo.

Es necesario saber porqué hay que inquietarse. Es necesario aclarar dudas, revisar actitudes, escuchar y mirar de un modo diferente, desdramatizar momentos cotidianos, decodificar-entender los trastornos que se repiten y que anulan la comunicación.

De esto trata la orientación a padres, no siempre es necesario un tratamiento, salvo cuando las cosas se hacen crónicas, cuando se instala la angustia en la familia.

Algunos autores llaman “enfermedades del alma” a las que actúan en las articulaciones del buen funcionamiento de las relaciones humanas.

El Ser Humano es lo que son sus relaciones.

Es común escuchar en la consulta diaria:

“no lo había pensado así”; “yo creía que me lo hacía a propósito…”; “cuando yo era chica mi madre…”; “yo con mis hermanos éramos muy celosos…”; “mi padre no participaba…”.

Aparecen los hijos que fuimos o que somos, y los padres que tuvimos o que tenemos. Sucede que los padres son personas difíciles de olvidar.

Con lo cual, No hay Recetas ni fórmulas educativas pero hay Etapas que recorren todos los niños, cada uno a su modo, con su propio ritmo, en las que los malentendidos de los adultos, las exigencias desmedidas, la incomprensión terminan perjudicando el desarrollo de las mismas.

A veces los padres sólo se ocupan del cuerpo (vómitos-fiebres-otitis repetidas, cuánto comió y cuánto defecó ), lo demás se arregla con penitencias, palmadas enojos y gritos.

Se adiestra más que se educa

Los padres deberían acompañar, guiar el desarrollo, saber qué es lo importante de la educación. Educar es brindar una base afectiva segura más promocionar la autonomía del niño, lo cual significa Reconocerlo como Persona diferente de uno mismo y Ayudarlo a crecer, y todo esto implica independizarse.

Es necesario no tomar por patología lo que no lo es: por ej.

El negativismo de un chico de 2 años como si fuera equivalente a la afrenta de un adulto (el no sistemático, el pataleo, el capricho ).

Si es persistente se buscarán estrategias a fin que ese período que es tan importante en su autoafirmación sea positivo y no bloquee el vínculo transformándose en una lucha de poderes entre un niño y un adulto, en la que siempre “gana” el grande.

FranVoise Dolto habla de Padres Regresivantes, padres que frenan el desarrollo, temerosos, sobreexigentes, que hacen todo por él, que se muestran enojados frente a la torpeza y como no hace bien mejor que no haga.

Y de Padres Promocionantes, aquellos que animan, apoyan, estimulan a hacer, a conquistar y adquirir habilidades. Es el valor de la experiencia asistida.

El ser humano tiene, desde el primer día de vida, el deseo de comunicarse, de encontrar un otro para entrar en relación, para vincularse.

Hay lenguaje con o sin palabras. El rostro de angustia de la madre, aunque no se pronuncie palabra no le pasa desapercibido, algo dice sin palabras.

Todo es relacional desde el nacimiento. Hay comunicación tanto en el hacer y como en el decir.

Todo comportamiento del niño es lenguaje, aunque no lo entendamos. Las incomprensiones precoces son más traumáticas porque los niños están en formación, son más vulnerables por su falta de madurez.

Es necesario saber QUE ES IMPORTANTE decir la VERDAD porque la necesita, la desea y tiene derecho a conocerla.

La Verdad acerca de su vida, de su historia, de todo lo que participa y presencia (peleas familiares- si no conoce a su padre- si tiene un hermano muerto- si es adoptado- si va a quedarse ocho horas en el maternal- si su abuelo se murió)

No hay que dejarle o hacerle creer cualquier cosa sobre lo que oye decir o vive; nunca es demasiado pronto.

En el recién nacido aparece bien pronto el deseo al lado de la necesidad (está alimentado-cambiado-sin dolor-pero llora y se calma con los brazos, la presencia, la palabra).

Sin embargo todavía se escucha decir “no lo alces que se va a malacostumbrar” o si no duerme “dejalo llorar para que aprenda”.

A veces los niños pequeños piden cosas para comprar, y esto es un modo de relacionarse con el otro. Se puede hablar de lo que pide y no comprarlo. Se comunica el deseo, se entra en relación y se queda satisfecho por la relación en sí misma.

Las necesidades deben satisfacerse, los deseos pueden expresarse y no ser satisfechos o posponerse.

Lo que el niño quiere no es bueno ni malo, no hay que culparlo por lo que quiere, simplemente no todo lo que se quiere se puede.

Sucede que muchas veces confundimos deseo con necesidad: si llora lo ponemos al pecho, si se cuelga de la pierna lo alzamos, si patalea tiene sueño. No Siempre.

Por ejemplo está bien en el jardín pero al saludo de la mamá llora, no es capricho, no es un “manejo”, es su modo de expresar el deseo de que se quede, y no está mal.

Ya in útero se establecieron las primeras interrelaciones humanas. Cuando nace comienza el camino de construirse como sujeto, con el sexo que ha nacido y con el nombre que le han dado en consecuencia.

Y así como dejó el útero, un día dejará el pecho, caminará y hablará, querrá hacer “yo sólo”, llegará la época del No, del inicio del jardín y de dejar los pañales; habiendo iniciado desde el comienzo su proceso de crecimiento , con seguridad y confianza en sí mismo, si los padres lo alientan y estimulan.

Hay que acompañarlo en el largo camino de la adquisición de la autonomía, a veces imponemos reglas inútiles y sin valor formativo.

Por ejemplo: si cuando empieza a andar y a tocar todo es “no toques”, lo mandamos a la etapa anterior, cuando no tocaba nada porque no podía salir de su cochecito; si muerde en la sala de 2 años, se lo ve como un chico “agresivo”, sin saber que a esa edad todavía se usa la boca para comunicarse, conocer y explorar.

La educación de los hijos sería muy fácil si con sólo decir una vez cómo deben ser las cosas las aprendieran… pero le lleva tiempo aprender, saber, adquirir autocontrol e incorporar normas.

0

El regreso de la madre al trabajoA lo largo de miles de años se ha transmitido culturalmente una imagen de madre abnegada, protectora, consagrada a los hijos, disociada de su relación de amante con el padre del hijo y de su deseo adulto por otro adulto.

Este mito que ni siquiera los movimientos de liberación femenina han podido disipar totalmente puede hacer perder posibilidades de interacción, entre la madre y el bebé, debido a sentimientos de culpa no clarificados.

A veces aparece cierta culpabilidad por sentirse satisfecha a causa de algo que no sea la función de madre, por sentirse capaz de hacer algo importante para ella misma en un lugar distinto y para otras personas, ajeno y ajenas al ámbito familiar.

Con frecuencia, cuesta aceptar social y culturalmente que se puede ser “una buena madre” y al mismo tiempo tener libertad para hacer otras cosas.

Es preciso ocuparse del bienestar de los hijos y del bienestar propio ( y ya sabemos que cuanto más pequeños son es necesaria más dedicación, y en consecuencia más tiempo).

Una madre que se queda en casa con frustración o resentimiento, con ganas de hacer pero sin poder, educa “peor” a los hijos que una que lleva una vida más gratificante. El tener una función que la gratifica puede generar sentimientos positivos con los que acompañar a los hijos.

No toda mujer que trabaja fuera de su casa está satisfecha en ambas funciones y no toda mujer que no trabaja fuera permanece con frustración. No se puede generalizar, también hay momentos o etapas en que estos sentimientos pueden variar.

A veces, esos sentimientos ambivalentes interfieren en los vínculos familiares, entorpecen, obstaculizan la comunicación, la interacción serena en el momento de la separación diaria, en el momento de “dejarlo” al cuidado de otro para partir al trabajo.

Los ancestrales modelos maternos son transmitidos de tal modo que en la consulta diaria se escuchan planteos y dificultades de madres muy jóvenes y que al escucharlas parece que están hablando las abuelas.

Es importante reflexionar acerca de los propios sentimientos. El sentimiento materno es positivo para el hijo si coexiste con intereses conyugales e intereses socio-culturales-laborales propios de la madre.

No hay que educarse a uno mismo en el hijo como se fue educado o como hubiese querido serlo, ya que este hijo no tiene que ser la madre o el padre, sino que es alguien diferente y singular.

Los hombres y las mujeres actualizan en los vínculos con el hijo las emociones inconscientes (ocultas) sentidas en su infancia para con sus padres y hermanos.

No es raro escuchar a padres que con el embarazo de su segundo hijo se sienten “culpables” de “hacerle esto” al primogénito. Lo he escuchado no solo de padres-madres con hermanos sino también de los que han sido hijos únicos.

Cada uno debe comprenderse en la reacción que la presencia o la conducta del hijo le despierta. Y cada hijo evoca sensaciones y sentimientos diferentes.

Es la madre el primer otro que mediatiza toda vida relacional, es ella la que debe introducirlo en la vida social con seguridad ritmada, con presencias y ausencias.

La simbiosis madre-feto y luego la diada (relación madre-lactante) que abarca una relación sensorial y psicosomática debe articularse con el padre, con el tercero. Luego con el mundo.

Los sentimientos por el hijo constituyen un lenguaje pre-verbal, que tiene que ver con la propia educación como mujer, con su relación con el hombre y con el medio familiar y social.

El lenguaje mental es lo que la madre siente espontáneamente y que el niño percibe.

Si la madre sufre por tener que dejar al bebé, él también sufre; el bebé integra el sentir de la madre.

Por tal motivo, es necesario que la separación sea un Pasaje y no una ruptura. Los Relevos deben ser progresivos, esto significa que los tiempos deben comenzar siendo cortos e intensificándolos de a pequeñas dosis.

El bebé se debe socializar con la persona sustituta de la madre junto a ella. Compartir momentos con ambas, en los que la madre la nombra, la incluya y le permita asistirlo en su presencia.

En el jardín o la guardería, durante el llamado período de adaptación, la madre no debe permanecer pasiva. (Debe hacer en actos y en palabras entre él y los otros niños, entre él y la maestra. Que se vaya sólo cuando otro lo haya cambiado y alimentado en su presencia. Que pueda participar sin angustia de la nueva experiencia ( que no siempre es posible al principio ).

Que toque, juegue y nombre los objetos y las personas, para que luego tenga este espacio “vivencia de mamá”).

Lo que importa es asegurar el lazo simbólico, esto implica hablarle de lo que se hace y de lo que se hará con él; así todo el espacio que ella ha “mamaizado” se vuelve seguro.

Suele suceder que algunos objetos son privilegiados para el niño, entonces éstos pueden acompañarlo al jardín. Estos objetos, que pueden ser desde un muñeco hasta una mantita que utiliza a la hora de dormir, ilusoriamente presentifican a la madre o a un entorno seguro. Estos objetos a los que el niño da un uso especial son los llamados objetos “transicionales”.

Así cada vez tendrá mayor tolerancia de la separación y conservará la tranquilidad, con la certeza de volver a encontrarla.

El niño necesita de intercambios, de experiencias nuevas en brazos de su madre. Cuando ella se va todo lo que ella ha humanizado con sus movimientos, sus palabras, sus sensaciones y sentimientos le dan seguridad de existir. Es decir, lo que hace y lo que dice queda cuando ella ha desaparecido.

El niño primero es con-su madre, las separaciones progresivas lo hacen sentirse existir sin ella, pero no por mucho tiempo. Los tiempos internos del bebé o del niño poco tienen que ver con los tiempos cronológicos.

La persona sustituta de la madre debe poder cuidar a los dos: al bebé y a la mamá. Tiene que poder reconocer las preocupaciones y el modo de la madre. Debe poder incluir sus sugerencias, y la mamá debe poder aceptar la influencia de este otro en la crianza. Se deben confiar, aliarse mutuamente.

Si la mamá lo deja confiada el bebé se siente seguro.

La separación precoz no es necesariamente traumática, lo que deja “huella” es la separación brusca sin preparación.

Madre y bebé necesitan adaptarse a estar separados algunas horas, aumentando el tiempo hasta llegar a la jornada laboral.

En general, la etapa de reconocimiento y conocimiento mutuo entre la madre y el bebé, hasta que el bebé “da respuesta”, lleva mas o menos tres meses.

Es cuando el bebé comienza a emitir, con algún gesto, alguna sonrisa, alguna mirada, una expresión que gratifica a la madre, que da cuenta del vínculo, que la madre interpreta como señal activa de respuesta.

Pero este momento también se vuelve conflictivo para dejarlo y volver al trabajo.

Las abuelas suelen ser elegidas como primeras figuras mas confiables.

Los vínculos previos que los padres tienen con ellas son los que aparecen a la hora de compartir al hijo.

Puede aparecer rivalidad, celos, dependencia, exigencias, tranquilidad, confianza, que tienen que ver con los propios sentimientos maternos que irrumpen a la hora de dejar al hijo.

Personalmente creo que un buen jardín maternal es mejor que una abuela deprimida o insatisfecha. Y si hay una abuela bien dispuesta y alegre tanto mejor.

Hay casos en los que la abuela cobra un sueldo por el trabajo de cuidar a diario con horarios fijos a su nieto/a. Parece muy justo.

Cuando la madre regresa a buscarlo el bebé o el niño muy pequeño necesita tiempo para reconocer su voz, su olor y su ritmo. No hay que “ comérselo a besos” conectándose solamente con su cuerpo; hablarle, vestirlo, hablar con la persona sustituta de lo sucedido a lo largo del día lo lleva a reconocer a su madre y reencontrarse con ella. Así al llegar a la casa retomar el vínculo es más fácil.

No se trata de una brusca separación ni de un reencuentro violento. El acercamiento en el encuentro debe ser lento y tranquilo. Porque, a veces, el niño reacciona desorientado, le lleva tiempo reencontrarse, “saber” que su mamá llegó y que lo alza.

Muchos niños, cuando ya no son bebés, lloran en la despedida. Aunque llore, si hubo progresiva adaptación y hay explicación no hay riesgo de trastorno.

A veces este llanto es un rito de separación, por otro lado es el modo de expresar su disconformidad. También saben lo que su llanto provoca en sus padres.

No hay que confundir los disgustos temporarios debidos a separaciones previstas y explicadas con la separación tramposa y brusca.

Así como las rutinas lejos de la madre lo re-aseguran, también las rutinas entre el bebé y sus padres antes de dejarlo dan una interacción tranquila y profunda que lo nutre de confianza y bienestar para vivir el día lejos de ellos.

Sobre todo en las familias que salen todos temprano, los padres al trabajo y el bebé al jardín. El tiempo previo para estar juntos resulta difícil y hasta caótico. Mucho que hacer y poco tiempo.

A veces sucede que la resistencia escondida “a dejarlo” interfiere la eficacia. Los sentimientos ambivalentes de padres y niños para separarse todo el día juegan en contra para poder compartir con placer los momentos previos a esa separación diaria.

La separación es por sí difícil, tanto si se elige una institución o una abuela o una empleada.

De hecho hay muchas mujeres que abandonan sus trabajos por no poder afrontar la separación con el bebé. Otras postergan sus licencias, sin goce de sueldo. Otras reducen su jornada a medio día o implementan proyectos en su casa.

La reacción de algunos niños, cuando se combinan el cansancio y la excitación contenida, es liberarla al ver a su madre y volver a su casa, sumada a la seguridad de descontrolarse que le da su propio ambiente, la “descarga” resulta poco tolerable por los padres.

Ellos también están cansados y al cabo de unas horas más se impone otra separación “para dormir”.

Es necesario orientar a los padres, pensar juntos, reflexionar e informar en el momento de la separación y el relevo.

Muchas de las consultas tienen que ver con la aparición de conductas que son mal interpretadas por padres que quieren a sus hijos pero que no saben como desanudar la situación.

También se hace necesario que ellos mismos hablen e informen a abuelas o empleadas que los sustituyen una parte del día.

Los momentos de separación y de recuperación suelen resultar tramposos para adultos y niños, esto es que la vida cotidiana deja de ser gratificante y se empaña con quejas y frustraciones.

Es importante para el desarrollo del hijo recuperar la alegría de vivir con él, en pareja y con otros.

Para seguir leyendo sobre este tema, visita también ¿Cómo separarnos por trabajo?

0

El bebé prematuroEl niño tiene en el momento de nacer una historia, la de su vida fetal. Es receptivo y activo, está alerta a los intercambios sensoriomotores (visuales-auditivos-táctiles), a los intercambios de lenguaje verbal, atento al que lo acuna, lo asiste, le habla y le sonríe.

El corte del cordón umbilical separa al feto de las envolturas placentarias, perdiendo así la seguridad acuática que lo cobijaba.

El recién nacido oye el corazón del otro pero ya no escucha el suyo. Está ligado a la madre por el olfato y la voz, por eso los olores y los fonemas que percibe cerca de ella lo hacen sentirse seguro.

El nudo de la seguridad son el ritmo y el olfato, tiene necesidad del contacto con el cuerpo de la madre, cuyo ritmo ha conocido in útero. De este modo, lo vivido en él se teje y entrecruza con lo que siente la madre.

El mundo del recién nacido es un mundo carnal, hecho de percepciones e intercambios, de encuentros donde aparece todo lo que reconocen sus sentidos (olfato-oído-vista-tacto).

Cuando el cuerpo enferma hay que tratarlo, pero hay que añadir la palabra, el contacto y el olor de la madre , tan necesarios como los cuidados médicos, ya que hay un metabolismo del psiquismo que comienza desde la vida fetal.

En el caso del bebé prematuro, este recibe cuidados intensivos en su cuerpo, y por añadidura una información mímica, auditiva y de comportamiento del entorno. Así, todo lo que la madre dice y hace al lado del bebé prematuro queda cuando ella se va.

El ser humano es desde el primer día un ser con deseo de comunicarse, de vincularse con otro, siempre al acecho de la presencia del otro; se siente existir corporalmente por referencias sensoriales y psíquicamente por la palabra que le dirige otro y lo humaniza.

Todos los bebés necesitan comunicación. La inmadurez extrema no parece imposibilitar el deseo de ser oído por otro, incluso el gran prematuro está sediento de palabras.

Las madres que dan a luz a un niño prematuro se enfrentan a una imagen de mala madre por haberlo gestado frágil. En el momento de salir de la clínica la madre se llevará a su hijo que está vivo “gracias a otros”.

Es precisamente por eso que actualmente, en la mayoría de los servicios de reanimación de lactantes, el esfuerzo del equipo de salud se centra en la necesidad de mantener a cualquier precio el lazo entre madre e hijo, hay que salvar no sólo la piel del niño sino también “su piel psíquica”.

Esta última afirmación hace referencia a que existen experiencias hechas en las que , cuando es posible, el contacto cuerpo a cuerpo con la madre permite al bebé prematuro aumentar más de peso que un recurso tecnológico.

Frases como “háblele, reconoce su voz, está demostrado; conoce su olor, meta las manos en su incubadora, la reconocerá.” Las experiencias son rotundas, está demostrado científicamente.

Así en gran parte de los servicios en los que se atienden bebés prematuros la presencia de la madre es bienvenida y facilitada, salvo en los momentos en que se hacen “maniobras” (cambio de sondas, análisis, etc).

Por otro lado, también es necesario sostener a la madre, permitiéndole sufrir la preocupación maternal primaria.

La existencia del niño está indisociablemente vinculada con la presencia del Otro, ya sea la madre o el equipo que lo asista, que se haga cargo de él, ocupando así la posición de continente para él.

De este modo, el personal de salud intenta, en general, permitir la presencia de los padres el mayor tiempo posible.

Los padres deben además de conocer sus derechos saber defenderlos, deben estar informados del estado de salud del bebé, y si hay alguna restricción de visita la causa de la misma.

Es por todos estos motivos que actualmente en algunos servicios hay grupos de apoyo para padres de bebés prematuros, que los enriquece y ayuda para poder afrontar este difícil acontecer.

0
Secciones
Suscribimos al código de ética sobre sitios de salud. Ver más detalles