Se trata de una fase de transición. Durante la misma, a su apego por las cosas acostumbradas se une el deseo de hacer sorprendentes descubrimientos.
Manteniendo las extremidades extendidas hacia adelante, es capaz de alzar la cabeza y arquear la espalda.
A fines del quinto mes, posiblemente podamos contemplarlo colocando las piernas debajo del abdomen, como si pretendiera caminar a rastras.
Para él, cada día representa una conquista. Siempre se despierta antes que el resto de la familia.
Sus gorjeos son más frecuentes. Une las vocales con las consonantes; “da” se transforma en “dada”, cosa que lo entusiasma.
También disfruta escuchándonos. Hay que hablarle y repetirle los nombres de las cosas.
Los paseos le encantan. Son muchas las cosas que aún puede descubrir.
Sabe como jugar solo, por eso debemos cambiarle con frecuencia los juguetes.