Las convulsiones febriles no suelen ser peligrosas y no causan ningún daño al bebé, cuando ya están diagnosticadas. Tampoco perjudican su cerebro, como teme la mayorÃa de la gente. Estos ataques pueden producirse hasta los tres o cuatro años. ¿En que consisten?
Las convulsiones simples suelen manifestarse durante el primer dÃa de enfermedad y duran poco rato. Las convulsiones complejas, por el contrario, deben ser tenidas en cuenta ya que pueden advertirnos de un inicio de epilepsia o de la presencia de una lesión cerebral.
Solo un pequeño porcentaje de bebés las sufren. Para saber distinguirlas de las convulsiones febriles sencillas vale la pena recordar lo siguiente:
Es indispensable reducirle la fiebre. Para hacerlo, lo mejor es quitarle la ropa o humedecerle el cuerpo con una esponja empapada en agua templada.
Nunca debemos emplear agua frÃa, porque los escalofrÃos a que darÃa lugar podrÃan aumentar la temperatura del bebé.
Terminada la crisis, hay que tomar la temperatura del pequeño. Si sigue siendo elevada, le debemos administrar un antipirético, fármaco que hace descender la fiebre.
Inmediatamente después, llamaremos al pediatra, o bien nos dirigiremos al servicio de urgencias del hospital más cercano.
Se debe seguir el problema hasta descartar otros.