El agua, se sabe, es sÃmbolo materno. La buena relación con el medio acuático provee de bienestar y alivio en un mundo convulsionado y a veces violento.
Por su permanencia milenaria, el agua sigue haciéndose presente en nuestra vida cotidiana y nos da sustento, relajamiento y diversión… si sabemos acercarnos a ella. A menudo los mayores llevamos experiencias muy diversas acopiadas en nuestra memoria consciente e inconsciente que nos predisponen para entrar en contacto con el agua.
Los niños, vÃrgenes en experiencias negativas, traen los recuerdos dulcÃsimos de la vida intrauterina, llamada acertadamente, el nirvana o paraÃso maternal. Provistos de calor y alimento, protegidos y suavemente envueltos los futuros bebes se han preparado durante 9 meses para llegar al encuentro con el exterior.
La importancia de los primeros baños ha de ser resaltada cada vez que intentamos recrear una buena historia del ser humano y el agua que le rodea.
El amor de los padres es el elemento fundamental e inigualable que ha de ser mediador entre la feliz experiencia dentro del útero materno y esta agua exterior que recibe al bebe para envolverlo como el liquido amniótico y hacerse cargo de parte de su peso.
Las primeras caricias acuáticas para el bebe harán la primera e inolvidable diferencia entre ser higienizado solamente, o ser amado mientras se baña. A partir de allÃ, otras vivencias se sumaran y depende del cuidado de papa y mama, que las experiencias sean gratificantes y exitosas.
El modo de sostener al bebe, la manera de moverse en la piscina o el mar con el niño en brazos van dejando una huella duradera por lo que todo ingreso al agua debe considerarse importante tanto para los padres como para el hijo.
Sin temores innecesarios pero si con cuidado y suavidad puede introducirse a los mas pequeños, suavemente, en el maravilloso mundo del agua.
Todos nosotros conocemos, o quizás hemos sufrido, alguna situación desagradable o peligrosa en que los protagonistas han sido involuntarios perdedores en una experiencia que pudo haber sido amable y divertida.
La acción de personas descuidadas, desaprensivas o ignorantes de los graves y duraderos traumas que provocan los percances en el agua, generan a menudo momentos riesgosos.
Las personas sensibles y respetuosas de los demás son ideales para compartir el espacio acuático pues no se aventuran en intervenciones audaces o groseras que puedan perturbar a otros bañistas. Esto produce invariablemente, un clima de alegre disfrute compartido.
A los niños, más que a nadie, hemos de procurarles este espacio saludable y seguro aun antes de llevarlos a aprender a nadar.