Hay dos mitos acerca de los andadores: que enseñan a caminar y que son seguros. De acuerdo a lo que hoy día se sabe, los andadores en realidad enlentecen y dificultan el proceso de aprendizaje de la marcha: en realidad disminuyen la ejercitación de los músculos de los muslos y las caderas, indispensables para la marcha.
Además, eliminan la motivación para caminar, ya que le permiten al niño andar mas fácilmente. Y a los niños con handicaps les dificulta el progreso, induciéndolos a desarrollar movimientos compensatorios anormales.
Pueden volcar al enredarse en alfombras, umbrales de puertas, etc. Pueden permitir acercarse al niño a hornos o estufas donde se quema, caerse al traspasar el cordón de las veredas (de la calle o dentro de jardines, parques, etc) y caerse dentro de piletas de natación.
LOS ANDADORES ESTAN DENTRO DE LOS PRODUCTOS MAS PELIGROSOS DE ACUERDO A LA REVISTA “CONSUMERS REPORTS” DE ESTADOS UNIDOS.
Tanto la Academia Americana de Pediatría como la Consumers Union instan firmemente a los padres a no usarlos.