“Yo le digo todo que si, con tal de que no llore…”
“Pobre, esta celosa porque tuvo un hermanito, no le puedo decir que no…”
Estas son algunas frases que se escuchan a menudo, provenientes de madres o padres que tienen miedo y no se animan a poner límites a sus hijos.
A la hora de aconsejar, tanto psicólogos como psicopedagogas, coincidimos en la importancia de establecer límites. Los chicos necesitan disciplina.
No estamos hablando de una mano férrea, castigos, ni nada similar.
Ponerles límites a los chicos significa delimitarles el camino, brindarles un marco contenedor y de referencia, estableciendo pautas y reglas claras que los ayudarán a saber como comportarse, que se espera de él y que puede esperar él de la situación.
Establecer límites es una manera más de demostrarle que lo amamos. Un chico sin límites, es un niño que se siente desprotegido y no amado.
La familia es un simulacro de la sociedad a la que el chico debe insertarse, es la primera institución, y por esto es muy importante que transmita cuales son las reglas del juego.
Un niño sin límites tendrá dificultades en el jardín cuando deba acatar las consignas de la maestra, cuando deba respetar una norma o cuando tenga que interactuar con chicos de su edad. No sabrá como comportarse y esto le dará una gran inseguridad y lo hará sentirse perdido y desorientado.
Los límites son necesarios para que nuestro hijo crezca emocionalmente sano ya que:
Consecuencias naturales: se refieren a las cosas que pasan como
resultado natural de los eventos o de los hechos. Por ejemplo: Si
mi hijo maltrata un juguete y, luego de pedirle que lo cuide reiteradas veces, termina rompiéndolo, la consecuencia natural de este hecho es que se quede sin ese juguete.
Consecuencias lógicas: Se refiere a eventos o consecuencias creadas por los padres que están lógicamente relacionadas con el comportamiento anterior. Por ejemplo: Si el chico rompió el juguete de su hermano una consecuencia lógica es que intente repararlo.
Hay diferentes maneras de ponerles límites a nuestros hijos. Es importante que reflexionemos acerca de este tema para encontrar nuestro propio estilo parental, y nuestra manera de hacerlo.
Se necesita de mucha dedicación, energía, y creatividad, pero es posible. Solo tenemos que hacer un esfuerzo, por el bien de nuestros hijos. Ellos necesitan que les demarquemos el camino, que le señalicemos la ruta, poniéndoles carteles de lo que se puede y lo que no se puede, rayas para que no se salgan del camino.
Esto les dará seguridad, los ayudara a crecer, a madurar y a convertirse en personas con autodisciplina, autodominio y autocontrol. En definitiva, les permitirá convertirse en seres humanos autónomos, independientes y responsables.
Agustina de Cristóbal
Lic. En Psicopedagogía y Terapeuta Familiar
Directora de Orientar – Centro de Orientación y Asistencia para la Familia.
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