H istoria de dos buenos amigos que, vistos cada uno de ellos por separado, eran un verdadero desastre.
Resulta que uno de estos amigos era un leoncito joven que, sin saber por que causa, era de lo mas cobarde que os podáis imaginar. Se asustaba por todo y era la vergüenza de sus papás y hermanos.
Fijaros si serÃa cobardica que tenÃa miedo hasta de los ratones y cuando veÃa acercarse uno por su cercanÃa, sin poderlo remediar, salÃa corriendo a subirse a un árbol próximo o a refugiarse entre las hembras de su manada, con lo que conseguÃa que todos los demás leones se riesen de él y no le tuvieran el menor respeto.
El otro animalito, que era su único amigo, era un águila que tenÃa mucho vértigo, o sea miedo a las alturas y que debido a ese miedo, todavÃa no habÃa conseguido aprender a volar.
Fijaros que vergüenza, el uno era el rey de la selva y la otra era la reina de las aves y ninguno de los dos era capaz de ganarse el respeto de sus congéneres, pues a ver quien va a tener respeto a un rey tan cobarde.
En fin, que se conocieron un dÃa y al contarse sus respectivos temores, se tomaron tal confianza y amistad, que se hicieron inseparables y se les veÃa siempre juntos.
Los demás animales seguÃan riéndose de esta pareja, pues a nadie le parecÃa bien que tuviesen tanto miedo y los llamaban con los motes de Cagalete y Vuelicorta respectivamente, al uno por ser un león cagueta y a la otra por no atreverse a volar.
Fueron haciéndose mayores con solo estos defectos, pues en todo lo demás eran unos excelentes animales, siempre dispuestos a echar una mano a quien tuviese necesidad de ayuda y compartiendo su comida con cualquiera que tuviese hambre. Además eran muy observadores de la naturaleza y aprendieron rápidamente a adaptarse a ella.
Asà estaban las cosas cuando un dÃa conocieron a una urraca muy lista, a quien todos llamaban Sabihonda, que fue el único animal que no se reÃa de ellos por sus respectivos defectos y quien, al darse cuenta del problema que tenÃan sus nuevos amigos, estuvo pensando en la manera de ayudarles a superarlo.
Tal como lo pensó lo realizó, asà es que un dÃa se metió aposta dentro de una cueva que estaba llena de ratones y empezó a pedir auxilio llamando al león Cagalete para que la ayudase. Allà acudió este en su ayuda y al principio le daba mucho miedo entrar a la cueva de los ratones, pero, al ver a la urraca en peligro, se decidió a entrar para ayudarla y sacarla afuera, como asà lo hizo.
La urraca le dio las gracias y le hizo observar que ahora ya no era un león cobarde, pues se habÃa atrevido a entrar en una cueva llena de ratones, que era lo que mas miedo le daba hasta entonces.
Un poco mas tarde, la urraca hizo como que se estaba cayendo por un precipicio muy grande y empezó a pedir auxilio al águila Vuelicorta; esta vez el águila no se lo pensó un momento y se echó a volar por el precipicio abajo para ayudar a la urraca, a quien rescató en su caÃda hacia el abismo.
También la urraca la dio las gracias y la hizo observar que el tener vértigo es una tonterÃa para un águila que tiene unas alas tan maravillosas para volar.
Tanto nuestra águila como nuestro león, se dieron cuenta de que habÃan perdido el miedo a sus respectivas fobias y a partir de entonces ya no hicieron nunca más el ridÃculo ante los demás animales. Poco a poco se fueron ganando el respeto de todos y dejaron de llamarles por sus despectivos motes.
Hoy todo el mundo les conoce como Leoncio y Majestuosa, que son sus verdaderos nombres.
Además, siguieron siendo muy buenos amigos, pero ahora ya no eran solo dos, sino que también iban acompañados por la urraca Sabihonda, que no les abandonaba nunca y siempre les daba muy buenos consejos.