El sitio del bebe, el niño y su familia

El amor del Solpor Clara María Álvarez Soto

H abía una montaña que se alzaba majestuosamente en un hermoso valle, lleno de árboles y flores, la montaña era inmensa, rodeada de vida, de pajaritos que cantaban alegremente, desde que el señor sol salía.
En la montaña vivía una rosa roja, bellísima, todos los días desde que el sol vio la flor cerca de un arroyo, apuraba a salir de su casita, y se quedaba admirando la dulce rosa desde lo alto, porque el señor sol, vivía detrás de esa gran montaña.

El sol se enamoró de la rosa, y todas las noches al acostarse, sentía celos de la montaña, porque ella tenía la rosa tan cerca y él tan lejos.
El sol deseaba ser la montaña, sentía deseos de tocar la rosa, pero no podía, solo admirarla.

-¡La montaña tiene la rosa siempre, la cuida, la alimenta! – decía el señor sol.

Cada día el sol sentía más celos de esa montaña, hasta que una mañana no aguantó más. Tenía tanta rabia que calentó más y más fuerte hasta que la montaña se prendió. Él no entendía que si dejaba que la montaña ardiera en llamas su rosa moriría con ella.

El sol estaba furioso, no se dio cuenta cómo las llamas consumían la montaña y a su rosa. Cuando se calmó un poco buscó entre las cenizas a su amor, pero no la halló. Desesperado miró al pie de la montaña, solo encontró ramas quemadas y cenizas. Siguió buscando más arriba cerca al arroyo. Aún había fuego, pero su rosa no estaba.

El sol, no comprendía, -¿qué sucede?, ¿donde está la rosa, la flor más bella de todo el bosque? – decía.

Una nube que estaba a su lado y veía lo que pasaba le dijo – ¿no te diste cuenta?, tus celos y tu enojo mataron tu amor, quisiste acabar con la montaña y en ella estaba ella.

El sol se puso triste, comprendió lo que había hecho, las lagrimas salieron de sus ojos, una a una cayendo sobre la montaña desierta y humeante, las nubes vieron la tristeza del sol y lloraron con él.

Cuando las lágrimas del sol y de las nubes tocaron la montaña, ella revivió y con ella la rosa, pero más bella que nunca.

El sol abrió los ojos cuando escuchó los pajaritos cantar en la montaña y sonrió feliz de ver a su rosa brillar cerca del arrollo.

FIN

Cuento original por: Clara María Álvarez Soto
Email: cmas1968@hotmail.com

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