El sitio del bebe, el niño y su familia

El bosque encantadopor Dayany Medina Fuentes

H abia un pequeño castillo en le más bello lugar que podamos imaginar, donde vivía una pequeña princesita que aunque su padre el rey le complacía todos sus caprichos, no tenía lo que ella más deseaba, permiso para ir a jugar con sus amigos al bosque…

Desde su habitación se pasaba las horas contemplando las casas, los animales, los niños que tan alegremente jugaban, la gente de su reino que tan felices parecían y aquel hermoso bosque prohibido para todos.

Papá, preguntó un día la princesita ¿por qué esta prohibido ir al bosque?
Ven aquí, dijo el Rey y la sentó en sus piernas, escucha con atención la historia que voy a contarte:

Hace mucho, mucho tiempo, mucho antes incluso de que yo naciera, vivía en este reino una malvada hechicera, que odiaba la alegría, las flores, todo aquello que fuera bonito y alegre pero sobre todo odiaba la risa de los niños.

Entonces un día decidió utilizar sus poderes para transformar la risa de la gente en lágrimas, la alegría en tristeza, las flores en punzantes espinas y a los niños en horribles gnomos, en poco tiempo todo en el reino era oscuro y tenebroso, nadie se atrevía a salir de sus casas, tenían miedo hasta de sus propias sombras.

La princesita escuchaba con atención a su padre y con una voz temblorosa por el miedo que le producía aquella misteriosa historia, pregunto:
Entonces, ¿qué pasó con la malvada hechicera?
Pues que una noche se reunieron los soldados más valientes del reino y decidieron enfrentarse a la hechicera.

Los soldados lograron atrapar a la malvada hechicera y el rey la desterró del reino y la condenó a vivir sola en el bosque para siempre, lejos de los niños para que nunca más les pudiera hacer daño y como símbolo de la victoria del bien contra el mal plantaron alrededor de todo el reino las flores más bellas que encontraron…. ¿las ves? Señaló el rey desde la ventana hacia la frontera del reino con el bosque donde efectivamente estaba lleno de flores de diferentes especies y de todos los colores.
Ahora entiendo por que la gente cuida con tanto cariño esas flores, pensó la princesita.

Lo de las flores está bien, pero ¿cómo hicieron para lograr que la hechicera no volviera al reino? Preguntó intrigada la princesita.

El rey sonrió satisfecho y dijo: veo que eres más lista de lo que yo pensaba pero la respuesta a eso es muy fácil, el reino estaba lleno de todo aquello que ella odiaba: risas, alegría, niños y sobre todo mucho amor, todo ello junto se convirtió en el mejor amuleto para combatir sus poderes.

Pero papá, dijo la princesita, eso fue hace mucho tiempo ¿por qué no podemos ir ahora los niños a jugar al bosque?

Espera, cariño mío, dijo el Rey, aún no he terminado de contarte toda la historia:
La malvada hechicera furiosa porque la habían condenado a vivir en el bosque, lanzó contra todos los habitantes de este reino una horrible maldición:

¡A todo aquél que se atreva a entrar en este bosque, dijo la hechicera, le MALDIGO a que nunca encuentre el camino de regreso a casa y conocerá mi furia y toda mi maldad!

JA, JA, JA se reía la hechicera con una carcajada tan macabra que hasta el más valiente de los caballeros sintió miedo.
¿Qué pasó, papá? Sigue por favor, dijo la princesita.
Tranquila, no tengas prisa insistió el Rey

Entonces se desató la más grande tormenta que nadie recordaba, los truenos eran tan fuertes que no solo temblaba el cielo sino también la tierra, el viento soplaba con tanta intensidad que casi arrancaba a los árboles de raíz y como por arte de magia la malvada hechicera desapareció y nunca más volvimos a verla.

Desterrada la malvada hechicera del reino, todo había vuelto a la normalidad, la gente era feliz, los niños jugaban y reían con tranquilidad, todo era alegría, así estuvieron durante mucho tiempo hasta que un día el pequeño Samuel y su perro Pope jugaban cerca del bosque… sigue, sigue, dijo emocionada la princesita.

Pope se adentro en el bosque y aunque Samuel le llamó desesperadamente este había desaparecido entre los árboles, entonces, Samuel sin pensarlo dos veces fue en busca de su adorado perro, sin saber nada de la maldición de la hechicera.
La princesita con una tímida voz , preguntó ¿que le pasó a Samuel y a Pope?

Que los dos desaparecieron sin dejar rastro… entonces el Rey, que era el abuelo de mi abuelo o algo así creo recordar, bueno da igual, el caso es que mandó convocar a los soldados valientes del reino y les encomendó la difícil misión de ir al bosque a buscar a Samuel y a Pope, los soldados aunque eran muy valientes estaban llenos de miedo porque sabían de la maldición de la hechicera pero armados de coraje se pusieron sus armaduras, cogieron sus espadas, montaron en sus caballos y se adentraron en el temido BOSQUE ENCANTADO….

¿Qué fue de todos ellos? Volvió a preguntar la princesita.
Que nunca más se volvió a saber ni de los soldados, ni de Samuel, ni de Pope, desde entonces, durante generaciones y hasta el día de hoy vivimos con la esperanza que algún día logren encontrar el camino de regreso a casa.

Hijita mía, dijo el Rey con una voz muy dulce, si te he contado esta historia es para que comprendas por qué es tan peligroso adentrarse en el bosque…
Así que, recalcó el rey muy serio a la princesita: nunca se te ocurra, escúchalo bien, nunca se te ocurra poner un pie en ese bosque.
Pero papá, dijo la princesita
Ni siquiera usted, señorita, dijo el rey muy contundente, la maldición de la hechicera existe y nadie debe desafiar su maldad.
¿Queda claro, jovencita? insistió el rey.
Sí papá, queda claro, contestó resignada la princesita.

Los días pasaron pero a la princesita no se le quitaba de la cabeza ese pensamiento que la acompañaba día y noche: comprobar por sí misma si esa historia de la hechicera era cierta pero sabía que si iba al bosque su padre se pondría muy pero que muy enfadado así que durante un tiempo desistió de la idea.

Un buen día les contó a sus amigos: Isabel y Daniel, todo lo que sabía acerca del bosque, cuando terminó se quedaron los tres muy pensativos durante bastante rato, hasta que al final fraguaron un plan: Dejarían pasar el tiempo hasta convertirse en mayores, la princesita para ese entonces sería la Reina y pondría como real decreto que las mujeres pudieran ser soldados, entonces ella, Isabel y Daniel serían soldados, se pondrían sus armaduras, cogerían sus espadas y a lomo de sus caballos irían al bosque encantado atraparían a la malvada hechicera y traerían de regreso a casa aquellos valientes soldados, a Samuel y a Pope.

Los años pasaron, Isabel se había convertido en una bella muchacha, Daniel en un soldado real y la Princesita en una hermosa Princesa. Hartos de esperar decidieron omitir algunos detalles de su plan y adelantar la tan esperada aventura, así que cogieron unas espadas y escoltadas por el soldado Daniel se adentraron en el bosque encantado.

Llenos de valentía recorrieron los primeros metros, el corazón les latía muy rápido, caminaron y caminaron durante horas por aquel bosque hasta que al final llegaron a la conclusión que esa historia del bosque encantado era solo eso, una historia, desilusionados regresaron al castillo y le contaron todo lo sucedido al rey, este no paraba de reírse y los tres estaban desconcertados.
Os voy a contar la verdadera historia, dijo el rey.

Un día el pequeño Samuel jugaba en el bosque con su perro Pope estaban tan entretenidos con sus juegos que no se dieron cuenta que se alejaban cada vez mas del reino, desgraciadamente se perdieron en ese inmenso bosque, los soldados del reino los buscaron durante días, dicen que fueron unos días de mucha angustia para toda la gente del reino y sobre todo para sus padres pero afortunadamente aparecieron sanos y salvos, se empezó a contar esta historia de muy diferentes maneras hasta llegar a la versión que te conté cuando eras pequeña, que a su vez me contó mi padre, a mi padre se la contó mi abuelo y así de generación en generación.

Pero, entonces ¿la malvada hechicera nunca existió? Preguntó la princesa.
Claro que no, dijo el rey, sorprendido por la ingenuidad de su hija y de sus amigos, era solo una vieja refunfuñona pero nada de hechicera, ni de maldiciones, ni nada de eso. Así que más vale que cada uno de vosotros vuelva a sus ocupaciones y os olvidéis de todo esto, concluyo el rey con una sonrisa burlona.

Con el paso del tiempo cada uno hizo su vida, la princesa se casó, tuvo dos niños y ahora es ella la que cuenta a sus hijos aquella fantástica historia de EL BOSQUE ENCANTADO.

FIN

Cuento original por: Dayany Medina Fuentes
Email: dayanymedina@hotmail.com

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