por Andrés MartÃn SorianoH abÃa una vez dos hermanas a las que les gustaba mucho disfrutar de la naturaleza y en particular de la montaña. Marta y Paula, eran sus nombres. VivÃan con sus padres en la ciudad, aunque tenÃan una casa en un pequeño pueblo de montaña rodeado por dos inmensos valles llenos de bosques y dónde solÃan pasar los fines de semana y las vacaciones. Los valles estaban separados por un gran lago al que solÃan acudir a pasear en una pequeña barca de remos que su papa habÃa construido en sus ratos libres.
Al otro lado de la orilla del Lago vivÃa un viejo leñador en compañÃa de un bonito perro pastor y rodeado de los animales del bosque que frecuentemente le visitaban.
El viejo leñador, era un hombre muy alto, con una gran barba blanca y, pese a que su rostro delataba el paso del tiempo, todavÃa se notaba que habÃa sido un hombre fuerte y vigoroso. TenÃa fama de ser una persona solitaria y huraña y con muy mal genio. Muy pocas veces se dejaba ver por el pueblo. Sólo cuando necesitaba comprar comida o materiales para reparar su vieja cabaña. No se relacionaba con nadie.
En alguna ocasión, Marta y Paula habÃan coincidido con él en la tienda de comestibles y a pesar de su semblante serio y distante, la verdad es que a ellas no les parecÃa una persona tan rara, más bien les parecÃa que tenÃa una mirada entrañable y les recordaba a su abuelito. Pero lo que más fascinaba a Marta y a Paula del viejo leñador era la leyenda que sobre él se habÃa extendido entre los habitantes del pueblo.
Según esta leyenda, el viejo leñador tenÃa un poder mágico y especial que le permitÃa hablar con los animales que habitaban el bosque.
Marta y Paula decidieron comprobar con sus propios ojos el poder mágico del viejo leñador y para ello, una mañana mientras sus padres estaban en el pueblo, se subieron a la barca de remos y llegaron al otro lado del lago donde vivÃa el viejo leñador.
Sin hacer ruido se acercaron hasta la vieja cabaña y detrás de un arbusto decidieron esperar a que los animales se acercaran a la vieja cabaña. Después de esperar un rato, observaron como se acercaban los animales del bosque. Allà estaban las ardillas, los osos, el búho, los ciervos, las cabras. Todos ellos se aproximaban sin ningún temor hasta la vieja cabaña, donde se encontraba sentado en el porche el viejo leñador, que les llamaba para que se acercaran y comieran la comida que les habÃa preparado. Los animales del bosque, mientras comÃan, saltaban de alegrÃa alrededor del viejo leñador.
Después de comer, el viejo leñador aprovechó para curar la pata herida de un pequeño cervatillo ante la atenta mirada de papá y mamá ciervo. Después, los animales comenzaron a marchar hacia el bosque, no sin antes, agradecer al viejo leñador el estupendo festÃn que les habÃa preparado, mediante el gruñir caracterÃstico de cada uno de ellos.
Marta y Paula presenciaron con asombro lo ocurrido, pero quedaron un poco decepcionadas porque comprobaron que los animales no hablaban. Aun asÃ, decidieron acercarse hasta la vieja cabaña. El viejo leñador a verlas, les invitó a sentarse a su lado, ofreciéndoles un poco de naranjada y un pastel de ricas frutas del bosque que el mismo habÃa preparado.
Marta y Paula no pudieron resistir la tentación de comentar al viejo leñador lo que se decÃa en el pueblo sobre la famosa leyenda. En ese momento, el viejo leñador comenzó a reÃr y a reÃr sin parar y sus risas resonaron en todo el bosque. Marta y Paula no entendÃan nada.
A continuación, el viejo leñador, aún sonriente, le explicó que para comunicarse con los animales no hace falta hablar con ellos, simplemente se trata de respetar sus costumbres, los sitios donde viven, de quererlos y de ayudarlos cuando lo necesitan, porque los animales son más inteligentes de lo que creemos y ellos también entienden a las personas que les tratan con cariño, y transmitir ese cariño y respeto es la mejor forma de comunicarse con ellos, y además eso también ocurre con las personas.
Fue una tarde llena de emociones. Marta y Paula, agradecieron al viejo leñador su hospitalidad y el haber aprendido una buena lección de convivencia y respeto, por lo que prometieron volver todas las tardes para ayudar al viejo leñador a dar de comer a los animales y lo que es más importante a comunicarse con ellos.
Y colorÃn colorado este cuento se ha acabado.
Cuento original por: Andrés MartÃn Soriano
Email: amartinso@gasnatural.com