El sitio del bebe, el niño y su familia

El búho que estaba tristepor Silvia Montoya

A ntes de irse a su cunita, Pablito quiso mirar por la ventana para ver
quien aún no dormía en el jardín de ensueños.
Ya la noche cubría el cielo, la luna descansaba.
Todo dormía afuera.
La casita en el naranjal tenía las luces apagadas.
Hasta las luciérnagas no estaban alumbrando.

Pero de pronto, en el alto del tejado al lado del manzanero Pablito miró algo que jamás sus ojitos habían visto. Pegando su carita contra el vidrio para poder mirar que era aquello unos ojos grandes, grandes alumbrando como dos luceros mientras el jardín de ensueños descansaba en su nocturno sueño.

Pablito estaba asustado, asombrado. Quería preguntarle – ¿tú quien eres?
Pero temía hablar alto y despertar a sus padres. Y a Lolita, la hormiguita del manzanero. Cansado de mirar y de admirar tales ojos de destello, Pablito se fue a su cuna. Quería que amaneciera para salir a conocer al dueño de esos grandes ojazos.
– ¿Cómo se llamaría, y de donde vendría?
Y porque no dormía mientras todos lo hacían. Mañana, mañana preguntaría.

Cansadito de pensar, se cerraron sus ojitos, hasta que por su ventana el sol le trajo el día. Se levanto muy de prisa a mirar por la ventana.
Y allí, allí estaba el visitante del jardincito de ensueños. Cuantas plumas lo cubrían, pero era diferente a Chanty la pajarita. La pajarita era linda, frágil, cubiertita de plumas. Entre el montón del plumaje había una cara fea.
Y los ojos no alumbraban al abrir la luz del día.
El dormía.
Muy quedito Pablito abrió la puerta y camino despacito, muy cerquita, solo que estaba muy alto en el techo de ese ranchito.
– Él no podía escucharme – pensó
– Entonces llamaré a Lolita la hormiguita que vive en el manzanero.
– Lolita ¿has visto quien está cerca de tu hormiguero?
– Si miras a ese lleno de plumas.
– Sí Pablito, es el Búho – dijo Lolita
– El búho Pichilin que viene de vez en cuando a disfrutar de este ensueño.
– Pichilin ¿qué nombre extraño, y que hace de donde viene?
– Pobrecito Pichilin, solo mira en la noche, porque la luz del sol encandelilla sus ojos
– No me digas hormiguita – dijo Pablito
– ¿O sea que no puede ver las flores de colores, los lirios, el limonero, los cerezos?
– Así es Pablito
– Vamos a despertarlo, créeme es un buen amigo
– Pichilin, Pichilin soy yo tu vecinita Lolita, no tienes que abrir tus ojos. Solo quiero que me escuches, Pablito ha venido a verte, anoche estaba asombrado de ver tus ojos brillantes. Él quería conocerte, quiere hablarte,
– Pichilin, soy yo Pablito; vivo aquí en la casita del frente
– Que lindos son tus ojos en la noche cuando todo se duerme
– Sí Pablito, solo miro en la noche, y eso me pone triste. Quiero ver los colores, que adornan este jardín de ensueños.
– Pichilin cuanto lo siento – le responde Pablito
– ¿Y porque no te pones unos lentes?
– Los que Papi se pone cuando el sol le molesta.
– ¿Piensas que yo podría usarlos al menos un momento?
– Sí, sí Pichilin iré a buscar los lentes.

Y Pablito se aleja.
– ya vengo, ya vengo Búho triste.
Y sin que mami se dé cuenta, Pablito tomó los lentes de su papacito Jaime.
Los escondió en la camisa de su piyamita roja y corrió hacia afuera a prestarle al búho triste unos lentes que permitieran ver la belleza de un día, así fuera un momento.

Pablito trepó al árbol con la ayuda de Lolita
– WOW – desde arriba podía mirar todo el jardín de ensueños.
– Pichilin no te muevas vas a ver, vas a ver, algo muy lindo, no te asustes.
Y Pablito, y la hormiguita ayudaron Pichilin a acomodarse los lentes.
– Uno, dos, tres ya puedes abrir los ojos, Pichilin.
– WOW, que cosas que tiene el día, que lindos son los colores.
– Te enseñare los colores, aquella rosa está vestida de roja, y la grande es amarilla.
– Y los lirios son azules, y tú Pablito que hermoso eres, y tu casita que linda con esas ventanas verdes.
– Si amigo Pichilin, mira a tu izquierda allá en ese naranjal vive Chanty, la pajarita más linda que jamás hayas visto.
– Y en el frente de la casa vive Ratoncito Pérez, ¿lo ves? allá junto a los guadales con su escobita barriendo?
– Allá en aquel almendro vive ardillita Serafina, y en un rato veras a la ranita Rene paseándose su barriga.
– Wow y que lindo que es el cielo, tantas flores, que hermoso que es ver de día.

Y así pasaron las horas hasta que el búho triste fue cerrando sus ojitos aún con sus grandes lentes. Ya el cansancio lo rendía y sin darse mucha cuenta sus lentes fueron al suelo. La hormiguita y Pablito muy despacito se fueron dejándole una notita.

Hasta pronto Pichilin. Ven muy pronto si te gusta tanto a visitar este jardín de ensueños. Si tu quieres algún día te regalamos los lentes para que de vez en cuando puedas abrir tus ojitos en este jardín de ensueños.

FIN

Cuento original por: Silvia Montoya – California – USA
Email: silviaemontoya@yahoo.com

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