El sitio del bebe, el niño y su familia

por Mariana Molina Arranz

H ubo una vez un gusanito que siempre tenía algo que le impedía ser feliz: algún dolor inexplicable, algún problema insolucionable, alguna pena incomprensible o cualquier desgracia imposible de ignorar.

Era un gusanito bueno y simpático, preocupado por el bien de sus hermanos gusanos y también por sus primas las tímidas lombrices de tierra. Por ello, todos sus amigos estaban muy preocupados por él, ya que consideraban que una criatura tan frágil y noble no merecía vivir en desgracia, privado de los placeres simples de la vida, esos de los cuales disfrutan los pequeños bichitos y animalitos que colorean el mundo.

Un día, mientras se encontraban reunidos tomando un baño de sol y una taza de té de flores silvestres, acordaron inventar una fórmula para hacer feliz al gusanito en cuestión.

– ¡Construyámosle una casa en la copa del árbol más alto del bosque, para que pueda regocijarse con la exquisita luz del sol desde el amanecer hasta el ocaso ! – propuso un gusanillo largo y delgado que se decía conocedor de soluciones para ser feliz.

– ¡Mejor busquemos una enorme enredadera y tendamos un puente a través del río para que pueda contemplar el correr de las aguas y maravillarse con su dulce murmullo ! – acotó una oscura lombriz de tierra, que había hecho el sacrificio de salir a la superficie sólo por el gran afecto que sentía por su primo.

– Disculpen, creo que tengo la solución más acertada para este problema– dijo una dulce y hermosa gusanita que se encontraba a la sombra de una gran hoja de castaño, y quien desde hacía mucho tiempo amaba en silencio al gusanito, sin decirle absolutamente nada por temor a que su declaración de amor pudiera ocasionarle otra complicación a su ya complicada vida. – Opino que recojamos unas gotas de rocío y que todos deseemos de corazón transmitir en ella un poco de nuestra propia alegría de vivir.

Todos escucharon con atención y consideraron que era una idea bastante buena. Decidieron recoger las gotas de rocío en un capullo de magnolia y dejarlo en un lugar donde todos pudieran acercársele para manifestarle su deseo.

Una vez que tanto gusanitos de sol como lombrices de sombra pasaron y pasearon alrededor del capullo de magnolia, a la vez que deseaban con todo sus generosos corazones compartir algo de su alegría de vivir con su amigo el gusanito, delegaron a la gusanita enamorada para ser la portadora de la fórmula mágica.

Esta se dirigió hacia la casa del gusanito con su paso más solemne y delicado. Una vez que hubo llegado, se encontró con el dueño de casa aquejado de un fuerte estado de melancolía, ocasionado por un grave dolor de estómago que a su vez había sido causado por preocupaciones de diversos tipos.
– He venido hasta aquí para traerte este obsequio en nombre de todos tus amigos- dijo suavemente la gusanita- sabemos que no te has sentido bien últimamente y esperamos que lo bebas para que puedas recuperarte de las molestias que te aquejan.

Sorprendido y emocionado, el gusanito no dudó en aceptar el obsequio, y no tardó en beberlo hasta la última gota.

Contrariamente a lo que todos esperaban, toda la reacción del gusanito fue agradecer amablemente y entrar nuevamente a su casa. Pasó una semana y nadie había sabido ni oído nada del pequeño y desdichado gusanito , y ya a esas alturas crecía la incertidumbre y la preocupación. ¿ Qué podría haber pasado? ¿ y si la fórmula mágica no había funcionado? ¿ o le había causado algún efecto negativo? ¡que horror!.

Sin embargo, al séptima día, muy tarde en la noche, comenzaron a escucharse en el bosque unos extraños y eufóricos gritos:

– ¡Vivaaa! ¡Bravooo! Ja Ja Ja… ¡Que bella es la vida, que feliz me siento!, quiero celebrar mi felicidad ¡¡¡Ja Ja Ja!!! Escuchen amigos, he descubierto el significado de la vidaaaaaa!!! ¡Creo que me voy a reventaaaaar!

Todos los bichitos del bosque salieron de sus casas a ver que es lo que sucedía, y a la luz de la luna, vieron cómo un pequeño gusanito subía y bajaba de los árboles a una velocidad nunca vista en un animalito acostumbrado a reptar con lentitud, vieron cómo giraba en torno a sí mismo en un frenesí de risas y piruetas y oyeron cómo gritaba desenfrenadamente alabanzas a la vida y bienaventuranzas al mundo.

El espectáculo, lejos de terminar pronto, duró toda la noche. Nadie durmió y nadie podía creer lo que le había pasado al gusanito, producto sin duda de la fórmula mágica que sus amigos habían preparado para convertirlo en un gusanito feliz. Sin embargo, lo que ellos nunca pensaron, fue que juntar todos los buenos deseos de una sola vez causaría en el gusanito una verdadera explosión incontrolable de energía y alegría, tanto como para enloquecerlo de tanta felicidad.

Fue así como, desde aquel día, desde cualquier rincón del bosque y a cualquier hora del día o de la noche, se escuchaban sorpresivamente risas psicodélicas , poemas o arrebatadas declaraciones de amor a la vida, y se veía al otrora quejumbroso gusanito, desafiando la gravedad balanceándose desde las copas más altas de los árboles y disfrutando de la vida al máximo, sólo como pueden hacerlo aquellos que han descubierto, gracias a la magia, la verdadera alegría de vivir.

FIN

Cuento original por: Mariana Molina Arranz
Email: ealetelier@entelchile.ne

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