H abÃa un hada que se llamaba Celeste porque en toda su vida de Hada siempre le ha gustado vestirse de azul, azul turquesa por las tardes, azul marino en las noches, y azul claro en las madrugadas, pero en los amaneceres, que es la hora en que ella prefiere salir a conversar con los niños y cuando su varita tiene más poderes, se viste de azul celeste. Y esta historia ya comienza justo cuando Celeste, un Hada chiquitica y rechoncha, pero tan buena como el chocolate, decidió inflar globos con su varita mágica.Bulubú PacatÃn y seis globos rojos salieron por ahÃ
Bulubú Pacatò y cinco amarillos salieron a montón
Bulubú Pacaté y verdes globos salieron tres.
Y esto era precisamente lo malo, el Hada Celeste ya no podÃa vivir sin su varita mágica. Se levantaba por las mañanas y solo se calzaba las zapatillas cuando la varita relamida y zalamera daba tres vueltas en el aire y dejaba caer una lluvia de colores sobre ellas. Pero la mañana de esta historia ya Celeste tenÃa sus zapatos calzados cuando…
- Bulubú Pacatá ¿donde está mi varita mágica?
Ni debajo de la mesa, ni encima del acordeón, ni en la cesta del pan, ni dentro de la regadera. Celeste se sintió muy triste y desesperada pero decidió que lo mejor era mantener la calma y llamar a los detectives para que encontraran una pista.
Bulubú Pacatú solo la varita conocÃa todos los números de teléfonos.
Y realmente desanimada se sentó en el sillón, por supuesto sin tomar café ni batido de pomarrosas porque no se sabÃa las recetas y no recordaba donde se guardaba el azúcar, asà que luego de una larga jornada de balanceos y ayunos decidió salir a conversar con los niños, que siempre han sido los mejores amigos de las hadas.
- Bulubú Pacatico ¿Qué es lo que ven mis ojitos?
Gritó desesperada Celeste cuando vio la calle inundada con todos los colores del arco iris y a los niños sentados tristes a ambos lados de la acera con los brazos cruzados y los labios apretados.
- Bulubú pacatà ¿Qué ha pasado aqu�
La varita mágica en manos de los niños solo habÃa querido desperdiciar colores a granel para todos lados y Celeste no sabÃa si reÃr o llorar y como es lógico en estos casos comenzó a cantar.
- Celeste ¿Qué ha pasado? – preguntaban los niños.
Todos estaban muy preocupados, habÃan tomado la varita para jugar y ahora no sabÃan como consolar a la buena Celeste tan buena como el chocolate y tan triste que no dejaba de cantar.
Marquitos le dio un besito.
Anita trajo margaritas.
Gerardo le regaló un silbato.
Y Felipe, bueno, fue Felipe quien le devolvió la varita mágica a la inconsolable Celeste que ya con todo su poder en mano volvió a sonreÃr, tan lindo que parecÃa una verdadera Hada salida de un verdadero cuanto infantil, sin embargo esa noche Celeste no podÃa dormir.
¿Por qué no podÃa dormir Celeste?
- Balabu Pacatacú – gimoteaba – si un dÃa perdiera la varita no sabrÃa vivir, no se hacer nada en la vida…
Y entre lágrimas y estrellas le sorprendió la mañana y también sus amigos que como el aire, digo como caramelos, digo como amigos, llegaron en el momento oportuno para prometerle a Celeste a hacer todo lo que ellos sabÃan sin varita mágica. A amarrarse los zapatos, a regar juguetes, a comer barquillos, a saltar a la pata coja y a ser muy felices muy felices muy felices.
Y Bulubú Pacató, Celeste estuvo de acuerdo y a los pocos dÃas ya sabÃa abrir la puerta, cepillarse sus dientes, sembrar maticas y preparar un rico arroz con leche, envidia de todos en la región. Pero mira, mira amiguito, ¿No será aquella viejita tan buena como el chocolate que dobla la esquina?