El sitio del bebe, el niño y su familia

por Laura Gómez

Para vivir en la luna se necesita H abía una vez una familia que planeaba irse a vivir a la luna. ¿A la luna?. Sí, a la luna.
Eligieron ir allá porque querían ir a vivir a un lugar donde no hubiera nadie, nadie. A uno no le gustaba la nieve, al otro no le gustaba el sol, al otro no le gustaba el frío y a otro no le gustaba el calor, por eso la luna era el mejor lugar para ir.La familia estaba compuesta por el papá, la mamá y sus cuatro hijos: Agustina, Tomás, Martina y Juan Pablo.

– ¡¡Qué suerte que iremos a la luna!!. – dijo el papá – Será un viaje maravilloso. No tendremos que escuchar bocinas, ni nos tendremos que levantar temprano; no tendrán que hacer deberes. ¡¡Qué lindo!!.
– ¿Cuándo viajamos, papi? – preguntó ansioso Tomás.
– ¡¡Uh!!, ¡falta bastante!. Todavía faltan ocho meses.

Martina y Juan Pablo estaban armando un rompecabezas sobre el piso y quisieron participar de la conversación.
– ¿Cuáles son los meses que faltan? – dijo Martina.
– Y, estamos en Mayo. Falta Junio, Julio, Agosto, Septiembre, Octubre, Noviembre, Diciembre y en Enero vamos!!.

La mamá, que recién llegaba del supermercado con Agustina, preguntó:
– ¿Dónde vamos?
– ¡¡Decidimos ir a la luna!! – dijo el papá – ¿Qué te parece?. Sólo hay que decidir qué llevará cada uno en su valija. Eso si, sólo se podrá llevar una sola cosa por persona.
– ¿Una sola cosa? – dijo Juan Pablo.
– Sí, una sola cosa. Así que piensen bien qué elegirán. Puede ser la computadora, o alguna muñeca, o un libro o una cartera. No se. Ustedes tendrán que elegir lo que quieran llevar cuando viajemos. Pero recuerden. Solo podrán llevar una sola cosa.

Todos fueron a pensar y, mientras cenaban, cada uno explicó lo que llevaría.
– Yo voy a llevar mi caña de pescar – dijo el papá – Voy a tener un montón de tiempo libre y además nadie me molestará.
– Pero, en la luna no hay hay peces – dijo la mamá – No podrás usar tu caña.
– Yo voy a llevar mis baldecitos y mi palita para hacer castillitos. Como cuando vamos a la plaza. ¡¡Qué divertido!!. – dijo entusiasmado Tomás.
– Es que en la luna no hay arena y no se pueden hacer castillos – le dijo triste su mamá.
– Yo elegí llevar los números de teléfono de mis amigas. Voy a contarles todas las cosas lindas que veremos. Ellas no conocen la luna – dijo Martina.
– ¿Y cómo vas a llamarlas?. No hay teléfono en la luna – le dijo su mamá.
– ¿No voy a poder llamar a la abuela y a los tíos tampoco? – le preguntó Juan Pablo preocupado.
– No, bonito – respondió su papá – En la luna no existen los teléfonos.

Todos estaban desanimados porque ya no era el viaje de sus sueños. En la luna no encontrarían todas las cosas que más le gustaba hacer a cada uno.

Entonces la mamá, después de ver la carita de tristeza de cada uno de sus hijos, dijo:
– Me parece que no es una buena idea ir a la luna a vivir para siempre. ¿Y si vamos de vacaciones solamente?.
– ¡Siiiiiiiiiiiiiiiiiii! – Respondieron todos saltando de alegría.

Agustina, que todavía no había hablado, tuvo una idea genial.
– ¿Saben que voy a llevar yo?. Un álbum de fotos. Allí tenemos todos nuestros recuerdos. Allí vemos a papá pescando el verano pasado; a vos Tomi jugando en la plaza y haciendo castillos de arena; a Martina con sus amigas y esa foto tan divertida con la abuela cocinando. ¿Se acuerdan?.
– ¡¡Te felicito Agus!! – dijo su mamá abrazándola. – Es una buena elección el hecho de llevar nuestros recuerdos a todas partes. Son muy valiosos y nos emocionan y nos llenan de alegría.

Cuando llegó Enero, todos se pusieron el traje de astronautas y viajaron a la luna en un cohete espacial. Se divirtieron mucho y cuando volvieron se alegraron porque aquí tenían todo lo que a ellos les gustaba.
Aprendieron a valorar lo que Dios les regaló: el sol, los peces, la plaza, los amigos y los recuerdos. ¡¡Bravo por ellos!!. ¿Y a dónde irán el año que viene?. Creo, que están planeando irse a la selva. ¡¡Qué peligroso!!.
Y colorín colorado, este cuento ha terminado.

FIN

 

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