El sitio del bebe, el niño y su familia

por Mary Contreras

Un bello regalo E n la lejanía de la tierra más allá de la imaginación, donde se junta la claridad con la inocencia y la paciencia con la humildad, más allá del universo y muy cerca del cielo existe una tierra encantada, donde el sol brilla de colores y la luna baila con las estrellas.

En este paraíso los arboles en lugar de dar hojas dan dulces y bombones, los grandes y extensos llanos están tapizados de gomitas color verde y las flores son de miel. En los grandes ríos en lugar de correr agua corre una rica y espumosa leche endulzada. En esta tierra inocentemente encantada no existe la maldad ni la avaricia, nada que sea malo. Solo travesuras, risas y abrazos, ¿sabes por que?, porque este es el paraíso de los bebés.

Niños blancos, morenos y de todas las razas juegan juntos colgándose de las ramas de los arboles y corriendo con los animalitos del bosque. Todo es armonía y felicidad.

Y como en toda familia hay un guía, él es quien cuida y mima a los bebés. Y si alguno se portara mal solo habla con él y se soluciona el problema. Y si alguno llegara a enfermar, con un beso y una caricia lo cura. A este guía los niños le llaman amigo.

Esta es la historia de tres pequeñitos muy traviesos y parecidos físicamente. Ellos son David, Damián, Daniel y su mascota un conejo llamado peque. Una mañana jugaban tirados de espaldas al piso buscando figuras en las nubes cuando preguntó David que habrá detrás de la nube luminosa. Era una nube de hermosos colores y destellaba luz a su alrededor. A lo que contestó Damián, -yo también quisiera saber que hay. -No debemos ser tan curiosos, dijo Daniel, -nuestro amigo dice que detras de esa nube hay un regalo para nosotros pero solo él sabe cuando nos lo entregará y ha de ser muy bonito, porque cuando lleva a un niño por su regalo, el bebé ya no se quiere regresar y nuestro amigo lo deja allí para que juegue siempre con él.

El conejo peque intervino, -recuerden que todo tiene su lugar y su tiempo. Si ustedes comen una fruta antes de que madure les sabrá sin sabor y seca, pero si saben esperar a que madure, será una delicia saborearla. Por eso hay que saber ser inteligentes y esperar ¿me entienden?. -Siiii, contestaron los tres y siguieron jugando con su conejo.

Entre dulces y risas se llegó la hora de dormir. Todos los bebés comenzaron a acomodarse en sus camitas de algodón de azúcar, las estrellas bajan a arroparlos con mantas de merengue y cuando todos están acostados llega su amigo y deposita un beso en la frente de cada bebé, y cuando se retira se escuchan bellas canciones de cuna entonadas por hermosas voces a lo lejos que callan cuando ellos duermen.

Por la mañana se levantan los tres traviesos. -Corran, nuestro amigo va a entregar a un bebé su regalo detrás de la nube, dijo Damián. -¿Y vamos a despedirnos de él para que no se sienta triste?, pregunta Daniel. -No, dice David, -vamos detrás de ellos para saber que hay detrás de la nube luminosa. -¿Y si amigo nos descubre que le diremos?, pregunta Daniel, -le diremos que nos perdimos y tuvimos que seguirlo para regresar con él. dice Damián, -y como es tan bueno nos perdonará. -¿Y qué haremos con peque, él siempre está con nosotros y si no nos encuentra se preocupará y va a llorar por nuestra culpa?, dijo Daniel. -Peque no se encuentra, acompañó a nuestro amigo y no hay nadie que nos cuide, dijo David.

Así que salieron los tres a seguir a su gran amigo y comenzó la travesura de los pequeños. Y sin perder de vista a su guía caminaron tras él y llegaron a la colina desde donde observaron a su amigo que llevaba a un niño de la mano e iban caminando por un sendero de estrellas que se dirigía hacia la nube.

-Ahí va, dice David, -saltemos hacia las estrellas y cuando amigo nos descubra ya sabremos que hay detrás de la nube. -Siiiii, dijeron los tres al tiempo que brincaban al camino. Pero al hacerlo no alcanzaron el sendero cayendo y rodando cuesta abajo. Cuando se detuvieron se pusieron de pie asustados mirando a su alrededor y solo veían obscuridad, no se veían las estrellas, ni el sendero, ni amigo, ni nada, solo obscuridad. Fue ahí donde comprendieron que estaban fuera del paraíso.

Comenzaron a caminar y caminar. -Estoy cansado, dice David, -tengo mucho sueño ya no puedo seguir. -Sigamos, dijo Daniel, -estamos cerca de casa y pronto llegaremos. -No debimos desobedecer a nuestro amigo, comentó Damián, -debimos escuchar los consejos de peque, no debimos ser tan curiosos. Ahora este es el resultado de nuestra desobediencia, estamos perdidos.

Siguieron caminando dentro de esa obscuridad, los arboles secos tomaban formas fantasmales, parecían ir detrás de ellos y corrieron hasta que ya no pudieron más. Se detuvieron y se abrazaron los tres a llorar, y de tanto llorar comenzaron a quedarse dormidos. Con las lágrimas se formó un río cristalino por el cual apareció una pequeña barca que era guiada por su amigo. Cuando los bebés lo vieron, el sueño y el miedo desaparecieron.

-Suban, les dijo su amigo. Los tres subieron con la mirada baja. -Se expusieron al irse antes de tiempo, fueron momentos de angustia y dolor para su regalo que está detrás de la nube, sufrió tanto cuando los escucho llorar que lloró y suplicó por ustedes con tanta fe que gracias a ello los encontré para que regresen conmigo.

-Amigo mio, dijo Daniel, -te prometemos no desobedecerte nunca más y saber esperar pacientemente nuestro regalo, ¿nos perdonas?. Su amigo los abrazó, -espero hayan aprendido la lección, les dijo, y regresaron al paraíso.

Después de semanas sin dulces, llegó la hora. Caminaron por el sendero de estrellas de la mano de su guía. Cuando llegaron a la nube, apareció una bella luz de claros colores y dentro de la luz apareció poco a poco un hermoso ángel con sus alas extendidas. Avanzó hacia ellos con sus brazos abiertos. Los niños preguntaron a su amigo -¿podemos ir con él?. -Sí, contestó su amigo, -yo les regalo este ángel, -¿y te dejaremos?, preguntaron.

-Cuando se perdieron, les dijo su amigo, -su ángel me llevó con ustedes con su fe y su amor, y cuando yo deseé saber de ustedes, con sus oraciones me hablará de los tres, y cuando pregunten por mí, él les dirá donde estoy.

Y llorando se despidieron de su amigo para entregarse a los brazos de su bello regalo al cual preguntaron -¿y como te llamaremos?. -Su primera palabra será mi nombre, contestó perdiéndose en la intensidad de la luz.

Cuando los bebés se fueron, le dijo amigo a peque, -cuando mi padre me dio mi regalo, mi primera palabra fue MAMÁ, y regresaron por el sendero de estrellas a seguir cuidando el paraíso de los bebés.

FIN

Notas de ana (ver todo)

Notas relacionadas:

0

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Secciones
Suscribimos al código de ética sobre sitios de salud. Ver más detalles