Para abordar este tema hay que tener en cuenta, en primer lugar que la sexualidad infantil es diferente a la de los adultos. Para el niño hay muchas fuentes de excitación, y solo al llegar la adolescencia ésta se orienta a la genitalidad. Existen tres etapas por las que atraviesa el niño en el desarrollo de su sexualidad.
En el primer año de vida el placer esta vinculado a la oralidad, por eso pasa largo tiempo succionando diferentes objetos y partes de su propio cuerpo. Luego, hasta los tres años la sexualidad se vincula con el control de esfínteres y encuentra placer en “retener y expulsar”.
Es a partir de los tres que aumenta la curiosidad y disfruta de observar a los demás y de exhibirse. Comienzan a reconocer las diferencias y descubren sus órganos genitales externos.
Aquí suelen aparecer las primeras preguntas desconcertantes para los papás. Ante las mismas conviene dar respuestas simples y concretas, además pueden hacerle preguntas a él para estar seguro de lo que ya sabe y responder en base a eso.
Es conveniente siempre responder la verdad, utilizando un lenguaje adecuado a la edad. Si en alguna ocasión quedamos perplejos y sin saber que decir lo mejor es reconocerlo y decirle que lo vamos a pensar e incluso investigar juntos para lo cual se puede recurrir a láminas, libritos infantiles, juguetes didácticos, etc.
El niño se admira cuando ocasionalmente observa la anatomía de mamá y papá. También comienza a prestar atención a las diferencias entre sus hermanos y compañeritos de Jardín y no pierde oportunidad de “mirar” cuando van al baño o se cambian para ir a la pileta. Para el niño los órganos sexuales no tienen el significado que tienen para el adulto, para él es sólo parte de su cuerpo, sin embargo a esta edad comienza a presentir que estos órganos tienen algo ‘”especial”.
Disfruta de “decir malas palabras” y reconoce que estos temas están vinculados al placer pero también esconden algo de prohibición. Poco a poco el niño querrá afirmar su propia intimidad y comenzará a intentar limpiarse solo cuando vaya al baño, también pueden aparecer ciertas reacciones de pudor o timidez, en estos casos es necesario respetar esta incipiente intimidad.
Hay que tener en cuenta que los niños de hoy están acostumbrados a ver cuerpos semidesnudos en los diferentes medios de comunicación e incluso en el día a día la moda en cuanto a la vestimenta deja al descubierto diferentes partes del cuerpo.
Es decir que, en general, el nivel de información que tienen dista mucho del que teníamos nosotros a esa edad. Diferentes especialistas coinciden en que para hablar de sexualidad lo mejor es evitar términos negativos. Nada de esto es “sucio o feo”. El retar o prohibir es contraproducente, genera tabúes e inhibiciones e incluso aumenta la natural curiosidad del niño. Tengamos en cuenta que es justamente a través de la curiosidad y las preguntas, que el niño descubrirá aquello que hasta el momento desconocía.
La curiosidad sexual es parte natural del desarrollo. Aceptar sus dudas e intereses es respetar al niño.