Enamorarse en el jardÃnLa palabra enamorarse tiene para los niños un significado totalmente distinto que para nosotros. Para ellos, enamorarse representa el intercambio “afecto- amor” tÃpico en la edad infantil.
Si su hijo tiene varias novias en el jardÃn, o por el contrario, si dice que su mamá es la novia…”no se desesperen”… Estas conductas son normales en la infancia. Para un niño, la idea de casarse con su mamá es casi automática y lo mismo sucede con las niñas respecto al papá.
En la primera infancia, la posibilidad de experimentar caricias y cuidados amorosos asegura al bebé que su cuerpo es valioso y digno de ser querido.
El tacto es un sentido básico, por lo tanto , el tocar y ser tocado son experiencias imprescindibles en los primeros años de vida ya que dejan la impronta de las conductas futuras con respecto a la intimidad fÃsica y afectiva.
Entre los 3 y 5 años, el contacto corporal, el estÃmulo de toda la piel es buscado abiertamente por los niños. Caricias, mimos, cosquillas, abrazos son sumamente placenteros para ellos.
Los juegos exploratorios irán configurando su esquema corporal y su identidad sexual; y que se desarrolle saludablemente o no dependerá de la actitud de nosotros, los adultos hacia las manifestaciones sexuales de los niños.
Hacia los 8-9 años, perÃodo llamado por Freud “de latencia”, pasa a ser realidad la búsqueda de la intimidad a través del pudor.
En la pubertad comienzan a formarse los grupos de afinidades. Los adultos son dejados afuera. La curiosidad, el deseo de saber le permite al púber aprender y conocer el mundo que lo rodea. La actitud investigadora es valiosa para conocerse a sà mismo, a su cuerpo, a sus sensaciones e interesarse por conocer a los otros.
Consciente o no, voluntariamente o no, las actitudes de los adultos influyen en el aprendizaje sexual de los chicos.
Las experiencias de los primeros años de la vida, marcan nuestra vida adulta.
Por ello, es fundamental que los adultos – padres, docentes y profesionales que trabajan con menores – tengamos en cuenta que:
Tomando en cuenta los distintos momentos evolutivos podemos decir que la oportunidad de educar sexualmente al futuro niño comienza ya en el perÃodo prenatal mediante las actitudes positivas de los padres ante la sexualidad y la adecuada información para una paternidad y maternidad responsables.
Los chicos investigan y tocan su cuerpo desde bebés. A los 3 o 4 años, la curiosidad se extiende al cuerpo de los demás; a esta edad, están muy interesados en conocer las diferencias entre los sexos.
No hay que extrañarse de estas actividades ni prohibirlas. Se trata de juegos normales, generalmente pasajeros, a los que no hay que darles “importancia”. En principio, los padres sólo deberÃan intervenir si observan que uno de los chicos no actúa voluntariamente o es mayor que el otro (más de 2 años). También si en sus juegos usan objetos con los que pudieran lastimarse.
Cuando crean oportuno intervenir, deben actuar con naturalidad, sin culpabilizar a los pequeños, ni transmitirles que el mensaje de que hacÃan algo “malo”.
Habrá que prestar atención y observar si este juego es el único que hacen y conversarlo con algún profesional para decidir si hay que averiguar el porqué tanta preocupación acerca de este tema.
Si desean recibir más información respecto de este tema o desean consultar no duden en hacérmelo saber.