El sitio del bebe, el niño y su familia

El enamoramientoEnamorarse en el jardín

Por la Psicopedagoga Angie (El mundo de los Bajitos)

La palabra enamorarse tiene para los niños un significado totalmente distinto que para nosotros. Para ellos, enamorarse representa el intercambio “afecto- amor” típico en la edad infantil.

Si su hijo tiene varias novias en el jardín, o por el contrario, si dice que su mamá es la novia…”no se desesperen”… Estas conductas son normales en la infancia. Para un niño, la idea de casarse con su mamá es casi automática y lo mismo sucede con las niñas respecto al papá.

Desarrollo de la sexualidad

En la primera infancia, la posibilidad de experimentar caricias y cuidados amorosos asegura al bebé que su cuerpo es valioso y digno de ser querido.

El tacto es un sentido básico, por lo tanto , el tocar y ser tocado son experiencias imprescindibles en los primeros años de vida ya que dejan la impronta de las conductas futuras con respecto a la intimidad física y afectiva.

Entre los 3 y 5 años, el contacto corporal, el estímulo de toda la piel es buscado abiertamente por los niños. Caricias, mimos, cosquillas, abrazos son sumamente placenteros para ellos.

Los juegos exploratorios irán configurando su esquema corporal y su identidad sexual; y que se desarrolle saludablemente o no dependerá de la actitud de nosotros, los adultos hacia las manifestaciones sexuales de los niños.

Hacia los 8-9 años, período llamado por Freud “de latencia”, pasa a ser realidad la búsqueda de la intimidad a través del pudor.

En la pubertad comienzan a formarse los grupos de afinidades. Los adultos son dejados afuera. La curiosidad, el deseo de saber le permite al púber aprender y conocer el mundo que lo rodea. La actitud investigadora es valiosa para conocerse a sí mismo, a su cuerpo, a sus sensaciones e interesarse por conocer a los otros.

Datos importantes

  • Un entorno receptivo y permisivo puede ayudar a desarrollar una autoimagen y autoestima valoradas, estrategias y recursos personales y sociales. Un entorno prohibitivo y descalificador, puede fijar imágenes denigradas, inhibir la adquisición de recursos y empobrecer la autoestima.
  • La estimulación de los genitales es una actividad que se realiza naturalmente desde el nacimiento; somos los adultos los que la significamos como positiva o negativa ante los niños. Durante este período los chicos la realizan en la intimidad, como modo de sentir placer, de canalizar ansiedades y de conocer su propio cuerpo.
  • Es conveniente que estimulemos la comunicación verbal con los chicos y encaremos los temas sexuales con ellos acerca de los cambios, sensaciones y sentimientos.

Consciente o no, voluntariamente o no, las actitudes de los adultos influyen en el aprendizaje sexual de los chicos.

Las experiencias de los primeros años de la vida, marcan nuestra vida adulta.

Por ello, es fundamental que los adultos – padres, docentes y profesionales que trabajan con menores – tengamos en cuenta que:

  • Debemos informarnos, investigar, aprender nosotros junto con ellos; aún arriesgándonos a ser cuestionados.
  • No debemos delegar en otras personas las respuestas a su curiosidad sexual. No necesitan sólo información, nos necesitan a nosotros.
  • Debemos utilizar un lenguaje simple, claro, preciso, sin irnos por las ramas ni responder más de lo que nos están preguntando.
  • Deberíamos respondamos siempre con la verdad, aunque nos dé pudor. Los chicos necesitan confiar en nosotros; no los defraudemos.

Tomando en cuenta los distintos momentos evolutivos podemos decir que la oportunidad de educar sexualmente al futuro niño comienza ya en el período prenatal mediante las actitudes positivas de los padres ante la sexualidad y la adecuada información para una paternidad y maternidad responsables.

Una de las preguntas más frecuentes es si debemos prohibir los primeros juegos sexuales…

Los chicos investigan y tocan su cuerpo desde bebés. A los 3 o 4 años, la curiosidad se extiende al cuerpo de los demás; a esta edad, están muy interesados en conocer las diferencias entre los sexos.

No hay que extrañarse de estas actividades ni prohibirlas. Se trata de juegos normales, generalmente pasajeros, a los que no hay que darles “importancia”. En principio, los padres sólo deberían intervenir si observan que uno de los chicos no actúa voluntariamente o es mayor que el otro (más de 2 años). También si en sus juegos usan objetos con los que pudieran lastimarse.

Cuando crean oportuno intervenir, deben actuar con naturalidad, sin culpabilizar a los pequeños, ni transmitirles que el mensaje de que hacían algo “malo”.

Habrá que prestar atención y observar si este juego es el único que hacen y conversarlo con algún profesional para decidir si hay que averiguar el porqué tanta preocupación acerca de este tema.

Si desean recibir más información respecto de este tema o desean consultar no duden en hacérmelo saber.

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