El sitio del bebe, el niño y su familia

El niño y la televisiónLa reciente noticia proveniente de Japón, acerca del efecto convulsivo en un número importante de niños, desencadenado por determinadas ondas visuales transmitidas por un programa de televisión de dibujos animados, ha puesto en el debate público el problema general (no solo el neurológico) de la televisión y su efecto sobre los niños en particular y la familia en general.

Los pediatras, en realidad, nos venimos preocupando por este tema desde hace ya años, por varias razones: la primera es que dado que el crecimiento y desarrollo del niño en buena parte es un producto de su interacción permanente con el medio, y dado que la TV ha modificado profundamente las costumbre y los hábitos, se ha visto que esta modificación es más significativa para la edad infantil.

La segunda tiene que ver con la influencia que tiene la TV en la conducta de las personas, niños y adultos.

Y la tercera es la comprobación que en diversas sociedades, la influencia de la TV (en conjunto con otros medios) ha producido una progresiva disminución de la influencia que en la formación y la sociabilización de niños y jóvenes tienen tradicionalmente la familia y la escuela.

Se ha señalado que la televisión es un poderoso avance tecnológico y que oponerse a ella es retrógrado. En realidad, estos avances no son buenos o malos en si mismos, sino el uso que se haga de ellos. Es así que los pediatras no criticamos a la televisión en si misma, sino al mal uso que se hace de la misma.

Básicamente se trata de no considerarla más como un medio inofensivo de entretenimiento, de controlar muy específicamente cuanto tiempo ve el niño TV, y sobre todo a adecuar lo que ve el niño a su nivel madurativo. Al respecto debe evitarse el usar el televisor como una especie de niñera electrónica.

¿En qué se basa el enorme poder que la TV tiene hoy?

En primer lugar, en que puede alcanzar simultáneamente un enorme público, tanto adulto como infantil. El segundo, en que los niños pasan frente al televisor, en todos los países donde se ha estudiado el fenómeno, un promedio de alrededor de cuatro horas diarias: esto es 1400 horas anuales (comparadas con 1000 horas anuales de escuela).

Es evidente que un niño necesita destinar tiempo a actividades que son fundamentales para su desarrollo psíquico y físico. Con tantas horas de TV, está dejando de jugar y el juego no es solo entretenimiento, sino que es fundamental en él para el desarrollo de su forma de comunicarse y de aprender del mundo que lo rodea, y también está dejando de interactuar con otras personas, fundamentalmente con sus padres, y sabemos que de esta interacción con sus padres va a depender buena parte de sociabilización futura. Hace menos deportes, ejercita menos su motricidad, y lee menos.

Los niños menores de 7 años presentan un riesgo adicional: no discriminan entre fantasía y realidad (no distinguen entre las imágenes provenientes de la realidad y las de la fantasía), y por lo tanto perciben en un plano de igualdad ambos tipos de imagen y luego no recuerdan como las han incorporado.

Esto permite entender porque la TV es capaz de influir fuertemente en la conducta, y porqué es capaz de producir un mayor impacto psicológico que otros medios de comunicación: la televisión ha hecho que el lenguaje de las imágenes tome preeminencia sobre el lenguaje oral.

El lenguaje oral es abstracto mientras que el de imágenes es concreto. Ambos lenguajes se tienden a localizar en zonas distintas del cerebro.

La utilización predominante de las imágenes, es probable que tienda a anular el desarrollo del lenguaje, y su consecuencia es disminuir o anular la capacidad analítica del pensamiento abstracto (¿será por esto que los adolescentes actuales muestran un lenguaje tan pobre?)

Todo programa televisivo comunica y por lo tanto educa, independientemente del propósito original del mismo. Detrás de todo programa, hay valores, creencias y actitudes que al ser vistos por un número masivo de niños y adolescentes, toman difusión y se convierten en moda.

Este proceso de aprendizaje es diseñado por profesionales al servicio del rating o de los sponsors, que presentan las cosas de una manera mucho más entretenida que el maestro o profesor, y por sobre todas las cosas, no exige nada ni toma examen después.

Siempre se ha dicho que es necesario “ver para creer”. La persona que “ve” a Superman volar en la pantalla, debe aprender a “no creer” que vuela. La televisión obliga a desarrollar la incredulidad. Esto es posible en el adulto que es capaz de entender las paradojas pero no puede ser captado por el niño pequeño.

Otro factor de distorsión de la realidad proviene del hecho que en TV todo es contra reloj, y forzosamente se deben resumir y condensar los hechos: lo que no es rápido no es televisión. Por lo tanto la TV no permite la reflexión y tiende a anular el pensamiento crítico. Esto lo limita como medio comunicador de ideas (lo que no ocurre con la prensa escrita, donde se pueden desarrollar ideas, reflexionar, replicar y traer ulteriormente otras ideas o posiciones).

Pasando a los contenidos del mensaje televisivo, este puede ser prosocial o antisocial. Y aquí debe decirse que el sistema que manda a la televisión en la Argentina es exclusivamente comercial. Casi no existen programas culturales ni educativos.

La TV es un instrumento para vender cosas o servicios (entre ellos la televisión misma), y el lucro es el único criterio que comanda la programación. La TV debiera cumplir una misión de educar, informar y entretener, pero sin embargo los dos primeros objetivos casi no existen. En los programas enlatados que vienen de EE.UU. (mas del 60% de la programación tiene ese origen) predominan como valores la violencia, las relaciones de pareja anormales y el consumismo.

Todo el programa no es más que un pretexto para la publicidad. Y además la propaganda comercial incluye al tabaco y al alcohol, lo que está prohibido en el país de origen (en EE.UU. no se transmiten las carreras de formula 1 por estar sponsoreadas por una tabacalera).

En lo que respecta a la violencia, este es el área donde ha existido más investigación: la violencia en los medios ejerce una influencia indudable en la conducta. En EE.UU. diversas instituciones, entre ellas el mismo Senado, preocupados por el aumento notable de la delincuencia juvenil y de la criminalidad, y ante la evidencia de la correlación existente entre la exposición del niño y del joven a programas violentos y la imitación ulterior de esos modelos, ha propiciado trabajos de investigación.

Diversos trabajos experimentales han señalado que el niño que mira programas de TV con escenas de violencia muestra, en la hora de juego inmediata, una conducta más agresiva que la de aquel niño que no lo hace.

Esto también ha sido corroborado en estudios de campo en Inglaterra. Y la cantidad de violencia de la TV comercial es abrumadora: un estudio hecho en Chile en 1990 demostró que durante 5 días tomados al azar, en los 4 canales de aire, entre las 14 y las 20 y 30hs, se vieron más de 2700 escenas de sexo y violencia (manifestaciones físicas, violaciones, agresiones, tiros, amenazas, muertes violentas, relaciones ilícitas, explosiones, etc). Cabe hacerse la pregunta : ¿son estos los valores predominantes de nuestra sociedad occidental y judeocristiana ?.

En las series y telenovelas hay una presentación restringida de la relación de pareja: la mujer es joven, hermosa, y rubia. El supuesto héroe es extremadamente joven. El amor a otras edades ni siquiera existe. Se representa en estas series una relación de pareja sin compromiso, ocasional y furtiva: el héroe ve un ratito a una joven a quién conquista, y en el episodio siguiente lo mismo, pero a otra, y así sucesivamente.

En las telenovelas el tema predominante es la infidelidad y el adulterio. En la TV se omite totalmente el dolor psíquico que dicha conducta produce en mujeres y varones. Nada aparece respecto de la relación de pareja comprometida y responsable. Nada acerca del embarazo, anticoncepción, aborto, etc. Nada respecto a prevención del alcoholismo, drogadicción o tabaquismo.

¿Como es posible que, siendo la inseguridad, el terrorismo y la violencia considerados dentro de los mayores problemas que tienen las ciudades argentinas se tolere esta verdadera apología del delito desde la TV?.

¿Qué se puede hacer para revertir esta situación?

En primer lugar, crear conciencia sobre el problema. Mientras las autoridades e instituciones que debieran velar para que la TV sea utilizada positivamente no asuman su responsabilidad, se debe alertar a los padres y madres acerca de la necesidad de regular la cantidad y calidad de lo que sus hijos ven.

Por otra parte el mismo sistema educacional puede enseñar al niño (de la misma manera en que lo conduce pro lecturas) a ver TV, de tal manera de desarrollarles el espíritu crítico acerca de lo que ven.

Los padres pueden ver programas con sus hijos y analizarlos, de tal manera de poder aclarar sus contenidos, reforzar ciertos aspectos educativos, morales o sociales y contrarrestar aspectos negativos. Es importante que los adultos prediquen con el ejemplo, ya que si el hábito de estos es llegar e instalarse frente al televisor, no habrá norma que se pueda hacer cumplir a los niños. Y tener en cuenta que no se trata solo de proscribir el televisor, sino también de ofrecer alternativas.

¿Qué pueden hacer los padres acerca de la TV?

(Adaptado de “Caring your school-age child” de la Academia Americana de Pediatría, 1995).

  • Ponga límites a la cantidad de tiempo que su niño pasa frente al televisor. Sea firme. Que no pase de una o dos horas diarias.
  • Planifique con su hijo los programas que este quiera ver. Elíjalos del programa y haga un plan semanal.
  • Conozca el contenido de los programas que ve(n) su(s) hijos(s) y mantenga una supervisión constante sobre ellos.
  • No permita la TV durante las comidas: la cena es el único momento del día en que la familia logra estar reunida y la TV dificulta la comunicación.
  • Los niños no deben tener un televisor privado en su cuarto: si lo tiene, no solo tenderá a ver más, sino a aislarse más y a los padres les terminará siendo imposible controlar lo que ve.
  • Visite con su hijo librerías y bibliotecas. Incítelo a leer, en lugar de mirar TV.
  • Predique con el ejemplo. Si Ud. quiere que el niño vea menos TV, hágalo menos Ud. Si quiere que lea más, lea más Ud.
  • Si la TV causa una discusión, conflicto o pelea, simplemente desenchufe el aparato por un rato. Los niños pueden ser más creativos cuando el aparato esta apagado.

Dr. Osvaldo Stoliar

PEDIATRAS ASOCIADOS: Un equipo pediátrico con características de funcionamiento destinadas a brindar comodidad y contención a la población infantil y a sus padres. Dentro del consultorio se brindan diversos servicios para los pacientes (vacunación, fonoaudiología, nutrición, etc). Consultas y Vacunatorio: Lunes a Viernes de 9.30 a 20 hs. y Sábados de 9 a 13 hs. Paraguay 2302 piso 17 dto. 4º. Teléfono 4961-4109

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