Hay tantas formas de reaccionar ante el contacto físico como seres humanos hay sobre la Tierra. Algunos le temen, otros lo disfrutan; algunos lo buscan, otros lo rechazan; hay quien lo evita y quien no puede vivir sin él…
Ashley Montagu habla del hambre de la piel, que todos conocemos porque existen muchos tabúes en este tema. El contacto físico satisface ese hambre que todos tenemos.
Cuando somos bebés nos sentimos seguros y amados a través del contacto físico de nuestra madre en primer lugar, y el de nuestro padre y otras personas que nos aman. Un bebé privado de contacto físico puede presentar una gama de enfermedades físicas y emocionales…
Un bebé o un niño pequeño, que están en esta etapa de la vida en que mostramos más nuestra verdadera naturaleza, buscan el contacto físico y pueden sosegarse ante un brote de ansiedad con sólo ser tocados amorosa y suavemente durante un rato.
Cuando estamos tristes, temerosos, enfermos, cansados, frustrados, el contacto físico nos llega como un bálsamo que sana y restablece nuestro equilibrio. Cuando estamos sanos, felices, plenos el contacto físico incrementa todas esas sensaciones ya de por sí sanadoras.
Las cosas, las plantas, los animales y por supuesto los seres humanos respondemos al contacto físico, entonces, ¿Por qué desperdiciamos tanto este recurso que nos hace sentir tan bien?
¿Quién se puede negar a recibir un buen abrazo de oso?
La foca Revoltosa – Área de Psicopedagogía