El sitio del bebe, el niño y su familia

El regreso de la madre al trabajoA lo largo de miles de años se ha transmitido culturalmente una imagen de madre abnegada, protectora, consagrada a los hijos, disociada de su relación de amante con el padre del hijo y de su deseo adulto por otro adulto.

Este mito que ni siquiera los movimientos de liberación femenina han podido disipar totalmente puede hacer perder posibilidades de interacción, entre la madre y el bebé, debido a sentimientos de culpa no clarificados.

A veces aparece cierta culpabilidad por sentirse satisfecha a causa de algo que no sea la función de madre, por sentirse capaz de hacer algo importante para ella misma en un lugar distinto y para otras personas, ajeno y ajenas al ámbito familiar.

Con frecuencia, cuesta aceptar social y culturalmente que se puede ser “una buena madre” y al mismo tiempo tener libertad para hacer otras cosas.

Es preciso ocuparse del bienestar de los hijos y del bienestar propio ( y ya sabemos que cuanto más pequeños son es necesaria más dedicación, y en consecuencia más tiempo).

Una madre que se queda en casa con frustración o resentimiento, con ganas de hacer pero sin poder, educa “peor” a los hijos que una que lleva una vida más gratificante. El tener una función que la gratifica puede generar sentimientos positivos con los que acompañar a los hijos.

No toda mujer que trabaja fuera de su casa está satisfecha en ambas funciones y no toda mujer que no trabaja fuera permanece con frustración. No se puede generalizar, también hay momentos o etapas en que estos sentimientos pueden variar.

A veces, esos sentimientos ambivalentes interfieren en los vínculos familiares, entorpecen, obstaculizan la comunicación, la interacción serena en el momento de la separación diaria, en el momento de “dejarlo” al cuidado de otro para partir al trabajo.

Los ancestrales modelos maternos son transmitidos de tal modo que en la consulta diaria se escuchan planteos y dificultades de madres muy jóvenes y que al escucharlas parece que están hablando las abuelas.

Es importante reflexionar acerca de los propios sentimientos. El sentimiento materno es positivo para el hijo si coexiste con intereses conyugales e intereses socio-culturales-laborales propios de la madre.

No hay que educarse a uno mismo en el hijo como se fue educado o como hubiese querido serlo, ya que este hijo no tiene que ser la madre o el padre, sino que es alguien diferente y singular.

Los hombres y las mujeres actualizan en los vínculos con el hijo las emociones inconscientes (ocultas) sentidas en su infancia para con sus padres y hermanos.

No es raro escuchar a padres que con el embarazo de su segundo hijo se sienten “culpables” de “hacerle esto” al primogénito. Lo he escuchado no solo de padres-madres con hermanos sino también de los que han sido hijos únicos.

Cada uno debe comprenderse en la reacción que la presencia o la conducta del hijo le despierta. Y cada hijo evoca sensaciones y sentimientos diferentes.

Es la madre el primer otro que mediatiza toda vida relacional, es ella la que debe introducirlo en la vida social con seguridad ritmada, con presencias y ausencias.

La simbiosis madre-feto y luego la diada (relación madre-lactante) que abarca una relación sensorial y psicosomática debe articularse con el padre, con el tercero. Luego con el mundo.

Los sentimientos por el hijo constituyen un lenguaje pre-verbal, que tiene que ver con la propia educación como mujer, con su relación con el hombre y con el medio familiar y social.

El lenguaje mental es lo que la madre siente espontáneamente y que el niño percibe.

Si la madre sufre por tener que dejar al bebé, él también sufre; el bebé integra el sentir de la madre.

Por tal motivo, es necesario que la separación sea un Pasaje y no una ruptura. Los Relevos deben ser progresivos, esto significa que los tiempos deben comenzar siendo cortos e intensificándolos de a pequeñas dosis.

El bebé se debe socializar con la persona sustituta de la madre junto a ella. Compartir momentos con ambas, en los que la madre la nombra, la incluya y le permita asistirlo en su presencia.

En el jardín o la guardería, durante el llamado período de adaptación, la madre no debe permanecer pasiva. (Debe hacer en actos y en palabras entre él y los otros niños, entre él y la maestra. Que se vaya sólo cuando otro lo haya cambiado y alimentado en su presencia. Que pueda participar sin angustia de la nueva experiencia ( que no siempre es posible al principio ).

Que toque, juegue y nombre los objetos y las personas, para que luego tenga este espacio “vivencia de mamá”).

Lo que importa es asegurar el lazo simbólico, esto implica hablarle de lo que se hace y de lo que se hará con él; así todo el espacio que ella ha “mamaizado” se vuelve seguro.

Suele suceder que algunos objetos son privilegiados para el niño, entonces éstos pueden acompañarlo al jardín. Estos objetos, que pueden ser desde un muñeco hasta una mantita que utiliza a la hora de dormir, ilusoriamente presentifican a la madre o a un entorno seguro. Estos objetos a los que el niño da un uso especial son los llamados objetos “transicionales”.

Así cada vez tendrá mayor tolerancia de la separación y conservará la tranquilidad, con la certeza de volver a encontrarla.

El niño necesita de intercambios, de experiencias nuevas en brazos de su madre. Cuando ella se va todo lo que ella ha humanizado con sus movimientos, sus palabras, sus sensaciones y sentimientos le dan seguridad de existir. Es decir, lo que hace y lo que dice queda cuando ella ha desaparecido.

El niño primero es con-su madre, las separaciones progresivas lo hacen sentirse existir sin ella, pero no por mucho tiempo. Los tiempos internos del bebé o del niño poco tienen que ver con los tiempos cronológicos.

La persona sustituta de la madre debe poder cuidar a los dos: al bebé y a la mamá. Tiene que poder reconocer las preocupaciones y el modo de la madre. Debe poder incluir sus sugerencias, y la mamá debe poder aceptar la influencia de este otro en la crianza. Se deben confiar, aliarse mutuamente.

Si la mamá lo deja confiada el bebé se siente seguro.

La separación precoz no es necesariamente traumática, lo que deja “huella” es la separación brusca sin preparación.

Madre y bebé necesitan adaptarse a estar separados algunas horas, aumentando el tiempo hasta llegar a la jornada laboral.

En general, la etapa de reconocimiento y conocimiento mutuo entre la madre y el bebé, hasta que el bebé “da respuesta”, lleva mas o menos tres meses.

Es cuando el bebé comienza a emitir, con algún gesto, alguna sonrisa, alguna mirada, una expresión que gratifica a la madre, que da cuenta del vínculo, que la madre interpreta como señal activa de respuesta.

Pero este momento también se vuelve conflictivo para dejarlo y volver al trabajo.

Las abuelas suelen ser elegidas como primeras figuras mas confiables.

Los vínculos previos que los padres tienen con ellas son los que aparecen a la hora de compartir al hijo.

Puede aparecer rivalidad, celos, dependencia, exigencias, tranquilidad, confianza, que tienen que ver con los propios sentimientos maternos que irrumpen a la hora de dejar al hijo.

Personalmente creo que un buen jardín maternal es mejor que una abuela deprimida o insatisfecha. Y si hay una abuela bien dispuesta y alegre tanto mejor.

Hay casos en los que la abuela cobra un sueldo por el trabajo de cuidar a diario con horarios fijos a su nieto/a. Parece muy justo.

Cuando la madre regresa a buscarlo el bebé o el niño muy pequeño necesita tiempo para reconocer su voz, su olor y su ritmo. No hay que “ comérselo a besos” conectándose solamente con su cuerpo; hablarle, vestirlo, hablar con la persona sustituta de lo sucedido a lo largo del día lo lleva a reconocer a su madre y reencontrarse con ella. Así al llegar a la casa retomar el vínculo es más fácil.

No se trata de una brusca separación ni de un reencuentro violento. El acercamiento en el encuentro debe ser lento y tranquilo. Porque, a veces, el niño reacciona desorientado, le lleva tiempo reencontrarse, “saber” que su mamá llegó y que lo alza.

Muchos niños, cuando ya no son bebés, lloran en la despedida. Aunque llore, si hubo progresiva adaptación y hay explicación no hay riesgo de trastorno.

A veces este llanto es un rito de separación, por otro lado es el modo de expresar su disconformidad. También saben lo que su llanto provoca en sus padres.

No hay que confundir los disgustos temporarios debidos a separaciones previstas y explicadas con la separación tramposa y brusca.

Así como las rutinas lejos de la madre lo re-aseguran, también las rutinas entre el bebé y sus padres antes de dejarlo dan una interacción tranquila y profunda que lo nutre de confianza y bienestar para vivir el día lejos de ellos.

Sobre todo en las familias que salen todos temprano, los padres al trabajo y el bebé al jardín. El tiempo previo para estar juntos resulta difícil y hasta caótico. Mucho que hacer y poco tiempo.

A veces sucede que la resistencia escondida “a dejarlo” interfiere la eficacia. Los sentimientos ambivalentes de padres y niños para separarse todo el día juegan en contra para poder compartir con placer los momentos previos a esa separación diaria.

La separación es por sí difícil, tanto si se elige una institución o una abuela o una empleada.

De hecho hay muchas mujeres que abandonan sus trabajos por no poder afrontar la separación con el bebé. Otras postergan sus licencias, sin goce de sueldo. Otras reducen su jornada a medio día o implementan proyectos en su casa.

La reacción de algunos niños, cuando se combinan el cansancio y la excitación contenida, es liberarla al ver a su madre y volver a su casa, sumada a la seguridad de descontrolarse que le da su propio ambiente, la “descarga” resulta poco tolerable por los padres.

Ellos también están cansados y al cabo de unas horas más se impone otra separación “para dormir”.

Es necesario orientar a los padres, pensar juntos, reflexionar e informar en el momento de la separación y el relevo.

Muchas de las consultas tienen que ver con la aparición de conductas que son mal interpretadas por padres que quieren a sus hijos pero que no saben como desanudar la situación.

También se hace necesario que ellos mismos hablen e informen a abuelas o empleadas que los sustituyen una parte del día.

Los momentos de separación y de recuperación suelen resultar tramposos para adultos y niños, esto es que la vida cotidiana deja de ser gratificante y se empaña con quejas y frustraciones.

Es importante para el desarrollo del hijo recuperar la alegría de vivir con él, en pareja y con otros.

Para seguir leyendo sobre este tema, visita también ¿Cómo separarnos por trabajo?

Prof. Psicopedagogia Lita Alfaya

Lic. en Psicopedagogía. NATAL: Desde una visión humanista, nos dedicamos a la maternidad, capacitando profesionales y asistiendo a embarazadas, parejas y familias para lograr la construcción de vínculos saludables. Aguilar 2011 (1426) Ciudad de Buenos Aires, Argentina - Teléfonos (011) 4706-2080 / 4788-1639

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