El sitio del bebe, el niño y su familia

Primeros pasos, primeros zapatosAprender a caminar podría compararse, en cierto modo, con una carrera maratón. Al igual que los deportistas, los bebés entrenan durante meses antes del gran acontecimiento.

Aunque, a diferencia de lo que ocurre en la popular carrera olímpica, aquí no cabe el abandono: algunos llegan a la meta antes que otros, pero todos, tarde o temprano, la alcanzaron (para alegría y tranquilidad de los adultos, por lo general, excesivamente preocupados en que sea cuanto antes).

Cuando observamos a un recién nacido, tan torpe, tan limitado, cuesta imaginar que en tan sólo un año será capaz de hacer un montón de cosas. A los nueve o diez meses, ya podrá sentarse sin ayuda, y la mayoría empezará a gatear; al llegar a los 11 ó 12, se agarrará a los muebles para pararse; y, desde ese momento, se lanzará a dar unos pasitos con algún apoyo… Aunque también pueden pasar semanas o meses antes de que lo haga, y no por eso hay que angustiarse.

Lo que sí debería preocupar a los padres es la elección del calzado más adecuado para cuando empiece a desplazarse sobre sus pies. De hecho, durante sus primeros 11 meses la condición más natural es la de andar descalzo; los zapatos, e incluso las medias, no son absolutamente indispensables, salvo para resguardarlo del frío, la humedad o posibles lesiones, pero dejando siempre libertad de movimiento a sus pies.

Estos, que se encuentran en una etapa de crecimiento rápido, se ven sometidos a cargas no habituales. “Si no se les proporciona un calzado adecuado a los chicos -advierte el doctor Antonio Díaz, cirujano ortopédico y traumatólogo infantil-, se pueden dañar unos pies que han nacido sanos. Y si eso ocurre cuando da sus primeros pasos, tendrá que sufrirlo el resto de su vida.”

Nuestros pies son una sofisticada obra de ingeniería biológica, con sus 28 huesos, sus 33 articulaciones y una compleja red de más de 100 tendones, músculos y ligamentos. Tienen que recorrer un largo camino con nosotros y llevarnos a cuestas. Y para que la travesía discurra sin problemas, conviene cuidarlos, especialmente al principio, cuando son tan moldeables y, por lo tanto, fácilmente deformables.

El objetivo es no perder el equilibrio

El pie de un chico no es una simple versión a escala del de un adulto, sino algo muy diferente. No en vano, la forma de caminar de ambos tiene poco en común: el objetivo inmediato del pequeño es mantener el equilibrio, de ahí que tienda a caminar con los pies muy separados y apuntando hacia fuera.

Además, sus terminaciones nerviosas aún tienen que madurar, por lo que raramente se quejará aunque el calzado lo oprima; cuando esto ocurre, su forma de protestar es descalzarse insistentemente. “Por eso, el calzado para los niños debe estar adaptado a sus necesidades y no ser una réplica del de los mayores”, recuerda el especialista.

“Debemos prestar especial atención al talón, a la longitud, al ancho y a la zona que toma las cabezas de los metatarsianos, es decir, la parte más ancha del pie.”

Esta es la primera diferencia: su forma, ya que el punto más ancho se sitúa a la altura de los dedos, mientras que en el adulto está algo más abajo del comienzo de éstos.

El pie del pequeño, hasta los dos años de edad, es rollizo, flexible y blando. “El arco es menos rígido y una almohadilla de grasa le confiere el aspecto de un pie plano”, señala el traumatólogo.

El esqueleto de su pie también es diferente. Cuando empieza a caminar, sus huesos no están totalmente desarrollados; de hecho, algunos son todavía cartílagos, más blandos y flexibles, que reemplazará durante el crecimiento.

Elegir el más idóneo

Pero, si la condición natural del chico es la de caminar descalzo o con un calzado que Simule esta situación, ¿cómo saber cuál es el más idóneo? “Aquel que protege su pie sin deformar la marcha -explica el doctor-, que facilita la realización normal del paso permitiendo las variaciones de volumen que experimenta durante la marcha, que respeta la circulación sanguínea y, fundamentalmente, aquel con el que se siente cómodo.”

O dicho con otras palabras, el que respeta las formas y las dimensiones funcionales de los pies del chico, se adapta a sus movimientos y amortigua las cargas que se producen durante su actividad. Y los principales movimientos a tener en cuenta son: el de los dedos y despegue del pie del piso, el de torsión, el del arco plantar y el del tobillo.

Es importante controlar la longitud y el ancho de sus pies y compararlos con las medidas de las botas o zapatos. El calzado debe tener la forma natural del pie, sobrepasando 6mm su ancho y 12mm la longitud, ya que debe permitir el juego de dedos.

Deben ser flexibles en la parte anterior, para no comprimir el pie y permitir, a la vez, libertad de movimiento. Dicha flexibilidad en la suela depende del material y de su espesor: a esta edad se recomienda una entresuela fina (menos de 5mm) para que pueda percibir las irregularidades del terreno y con algún tipo de refuerzo en la punta que contrarreste el desgaste.

En cuanto al material, debe ser de cuero natural la horma y la suela (provista de> pequeñas piezas de caucho antideslizante), sin tinturas extrañas que puedan provocar alergias. Hay que vigilar el acabado interior, ya que costuras gruesas o mal rematadas pueden dañarle la piel. Es importante que la suela esté adaptada a las condiciones del terreno sobre el que vaya a caminar, siendo resistente para evitar torsiones laterales.

“Resulta muy beneficioso para el buen desarrollo del pie -recomienda el especialista- andar descalzo sobre terrenos blandos, como la arena de la playa o el césped”.

La suela debe tener un taco recto y, como máximo, de 15mm de espesor para facilitar el juego de articulación del pie. En cuanto al tipo de atadura del zapato, es indiferente siempre que éste quede bien sujeto, aunque el sistema de cordones permite abrir más el calzado facilitando su uso.

La articulación debe tener margen de movimiento, y ello lo permite la hebilla, el cordón o cualquier otro sistema de abrochado alto sobre el empeine, con una lengüeta suave y acolchada.

Respecto del tipo de calzado, no conviene que emplee siempre zapatillas. Y entre botas o zapatos no existen diferencias, si bien las primeras sujetan algo más un tobillo que aún se caracteriza por su debilidad.

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0 respuestas a Primeros pasos, primeros zapatos

  • Yo estoy muy contenta con los zapatos de primeros pasos de Attipas, los he comprado en Mamisetas, tienen bastantes modelos y son perfectos para gatear y empezar a hacer los primeros recorridos.

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