El sitio del bebe, el niño y su familia

Peleas entre hermanosNo es un problema de convivencia, ni siquiera tiene que ver con el amor y el odio, pero el caso es que, en muchas familias, no pasa un día sin que los hermanos se enfrasquen en acaloradas discusiones.

Tampoco se puede decir que sea un problema serio ya que, desde que el mundo es mundo, las peleas entre hermanos se han sucedido continuamente sin que se produzcan secuelas en su relación una vez que son adultos.

Soluciones tajantes y universales, ninguna; pero sí, con un poco de psicología, es posible paliar estas incómodas y estresantes situaciones y evitar que nuestros hijos se lleven como perro y gato.

Quieren llamar la atención a toda costa

La gran mayoría de las discusiones entre hermanos tienen lugar en el entorno del hogar, por eso los padres siempre pensamos que somos los únicos que padecemos este problema.

Sin embargo, éste es un fenómeno que se produce en casi todos los hogares donde hay más de un chico, independientemente de otros factores, como pueden ser las relaciones entre los padres o el nivel económico de la familia. El porqué se llega a estas situaciones es muy variado, pero siempre prima un afán de los pequeños por llamar nuestra atención, lo cual los lleva a rivalizar entre ellos.

Nunca vamos a poder evitar que nuestros hijos compitan entre sí. Pero, inculcándoles el respeto mutuo desde chiquitos y sabiendo que en la mayoría de los casos la resolución de estos conflictos depende de nuestra intervención para frenarlos, podremos elaborar un plan de respuesta efectivo.

Por lo general, los padres tendemos a ser el árbitro de estas peleas, por miedo a que lleguen a mayores, pero realmente, ¿es siempre acertada la decisión de intervenir?

Generalmente, los motivos por los que se discute no tienen ningún sentido, la determinación de los padres es fundamental. Si uno se inhibe para que el problema se resuelva entre ellos, es probable que terminen haciéndose daño; pero, si intervenimos (como habitualmente hacemos), sólo lograremos que al día siguiente se repita la escena. Entonces, ¿cuál sería el modo correcto de actuar?

¿Hay que tomar decisiones salomónicas?

La psicóloga Fernández afirma que es muy difícil conseguir que un niño se resigne a perder la batalla (aunque sólo sea durante un cuarto de hora) sin ofrecerle nada a cambio: “En un caso concreto donde se estén peleando, por ejemplo por un control remoto, bastaría con dejarle a uno de los chicos un reloj y decirle: Cuando la aguja esté en este palito, es el turno de usar vos el control remoto.

De este modo, el que tiene el reloj contrarrestará con este nuevo instrumento la pérdida del control remoto y, una vez que llegue el momento del cambio, el otro se sentirá satisfecho, ya que ceder a su hermano el objeto no supondrá una pérdida total.

“Así -continúa la psicólogo- la intervención de la madre o del padre no será de arbitro ni de guardián, sino simplemente de mediador, que, a mi juicio, es lo más adecuado en estos casos.”

No obstante, solucionar los conflictos es aconsejable sólo hasta una determinada edad, cuando los niños son todavía pequeños.

Una vez que cumplan 8 ó 9 años, es mejor dejar que ellos mismos busquen soluciones, puesto que conviene ir enseñándoles independencia para solucionar los problemas que surgen fuera del ámbito familiar.

La intervención durante edades tempranas -siempre como mediador- fomenta el aprendizaje del chico; si los padres simplemente retan y castigan, ellos pensarán que sólo existen remedios drásticos que dejan insatisfechas a ambas partes; en cambio, si los dos se muestran satisfechos con el acuerdo, estaremos haciendo algo más que resolver un problema puntual.

Llegar a una solución intermedia no significa tratar a nuestros hijos por igual en todo. Los niños, a pesar de ser hermanos, siempre tienen gustos diferentes.

Una de las primeras cosas en que esto se aprecia es en los colores: desde muy chiquitos cada uno tiene su color preferido, que generalmente suele ser diferente. Tratándolos igual en todos los casos, se puede ir anulando la moldeable personalidad de un niño.

Una cosa es tratarlos igual en todo momento y otra muy diferente tratarlos igual ante situaciones análogas. No porque sea el cumpleaños de uno hay que hacer un regalo al otro, siempre y cuando le expliquemos por qué hoy le toca a su hermano y no a él, y que, por supuesto, el día de su cumpleaños será a la inversa.

Si, por el contrario, hacemos este tipo de concesiones, tal vez estemos formando, sin darnos cuenta, a chicos autoritarios (pueden llegar a exigirnos, creyéndose en su derecho, que les compremos algo sólo porque es el cumpleaños de su hermano).

Es normal codiciar los bienes ajenos

Pero una cosa sí es cierta, entre chicos, y sobre todo si son hermanos, se desarrolla una especie de envidia cuando uno tiene algo de lo que el otro carece. Eso es inevitable. Las madres y los padres tenemos que inculcar en nuestro hijo la noción de compartir desde el momento en que nazca el segundo hermano, o incluso antes: desde que sepamos que va a nacer.

La psicóloga habla en casos de rivalidad y demanda de atención: “En el mundo de los adultos todos luchamos por ser los mejores en lo que hacemos, y esto no es diferente en la infancia. Las peleas infantiles entre hermanos no suelen estar en relación con el odio, sino más bien se deben al intento de cada pequeño por demostrar ante sus padres que él es el mejor”.

Necesitan atención en tiempos de paz

Meditemos: mientras los chicos están jugando, ¿no es cierto que nosotros aprovechamos para realizar nuestros quehaceres diarios o para leer un rato después del trabajo? ¿Y cuándo acudimos a ver cómo están? Normalmente cuando los oímos pelear o, al contrario, cuando no oímos nada, porque pensamos: “¡Qué extraño!, ¿estarán haciendo alguna travesura?”

Esto no pasa inadvertido para ellos, y sabiendo que si discuten sus padres van a venir y además van a tener la ocasión de que reten a su hermano y quedar por encima, no les costará mucho encontrar un motivo de disputa.

Una forma de comprobar que esto es así consiste en esperar y ver cuánto tiempo transcurre desde que comenzamos a escuchar la discusión hasta que nos llaman: no más de unos pocos minutos.

Dedicarles nuestra atención no sólo en tiempos de guerra, sino también en los períodos de paz, suele reducir las peleas.

En algunas ocasiones es mejor no intervenir

Si ya nos ocupamos lo suficiente, tampoco hay por qué correr cada vez que se estén peleando. Si sólo quieren llamar nuestra atención y nosotros les seguimos el juego, verán que funciona y las peleas no terminarán nunca.

“No darle mayor importancia al asunto y pedirles, por favor, que no nos molesten por tonterías puede ser muy apropiado. Aunque al principio alguno de ellos estalle en llanto, en pocos minutos el conflicto quedará resuelto”, asegura la psicóloga.

Bebés en la Web

Bebés en la Web es un sitio de Internet comprometido con la divulgación de información para los nuevos padres. Los temas que en él se tratan y que intentamos ampliar en forma permanente, tienen por finalidad el bienestar de los hijos desde su misma concepción, poniendo en manos de los padres, los recursos de conocimiento que muchas veces es dificultoso que encuentren compilados en forma amplia y amena en otros medios.

Notas de Bebés en la Web (ver todo)

Notas relacionadas:

0

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Secciones
Suscribimos al código de ética sobre sitios de salud. Ver más detalles