El sitio del bebe, el niño y su familia

Separarnos por trabajoTarde o temprano es lógico que esta situación se presente. El niño no sólo tiene que separarse de su madre -la persona más cercana desde su nacimiento hasta ahora- por motivos laborales. También se producen otras circunstancias en las que hay que separarse durante cortos períodos: imposibilidad de llevarlos con nosotros, momentos de ocio con los amigos y la pareja…

¿Cómo viven ellos estas ausencias?

La psicopedagoga Pilar Suárez afirma que “es positivo habituarles a estas separaciones. Probablemente las primeras veces no les guste; por supuesto que no se trata de hacerlos sufrir, sino de enseñarles con cariño que en la vida no sólo existen placeres.

Educarlos, poco a poco, a ser tolerantes ante las frustraciones los ayuda a madurar. Si de forma natural comprueban que pueden quedarse sin mamá o papá durante un tiempo y que no pasa nada, les inculcamos que pueden ser autónomos; así estimulamos su desarrollo”

Sólo cuando las condiciones sean buenas

Los especialistas en educación infantil insisten en que se debe evitar sobreproteger al niño. Este necesita el apoyo de los padres tanto como ir teniendo confianza en sí mismo, sentir que puede tomar pequeñas decisiones por su cuenta y que la independencia es buena. El cariño y la confianza son las bases del equilibrio afectivo que se adquiere en la infancia.

En definitiva, estas separaciones temporales benefician su evolución, pero siempre que al niño se lo haya dejado en las circunstancias idóneas. “Salvo en casos de emergencia inesperados, se deben prever estas necesidades -advierte la experta-. Hay que dejar al pequeño en buenas condiciones.

A esta edad, un extraño no es aconsejable; lo mejor es que sea alguien que conozca y con el que se encuentre a gusto; por supuesto, debemos tener garantías de que sabrá cuidarlo.

Si la madre trabaja, se suele buscar con la suficiente anticipación a la persona o el jardín que merezca toda la confianza, para encargarle su cuidado con continuidad. Cuando no se dan las condiciones idóneas para que el pequeño se quede en buenas manos, si la salida no es imprescindible, quizá se deba pensar si vale la pena, y esperar a otra ocasión en que se haya planeado bien.

Debemos evitar transmitirle ansiedad

La elección de la persona que cuide al niño debe ser minuciosa, pero tampoco hay que caer en la idea obsesiva de que nadie va a ser capaz de cuidarlo tan bien como su madre o su padre. Esta fantasía suele ser bastante frecuente en las madres, aunque carece de fundamentos.

“Muchas veces, el pequeño se queda llorando porque la madre, sin darse cuenta, le ha transmitido su ansiedad en el momento de la separación -explica la psicopedagoga-.

Él nota los nervios y la inseguridad de su mamá, que alarga las despedidas, le dice frases confusas, como, por ejemplo, ¿Verdad que no vas a llorar aunque yo no esté?’… El chico traduce que debe ser muy malo quedarse sin ella, se asusta y llora.”

El sentimiento de culpa por dejarlo, más arraigado en la mujer, tiene mucho que ver con estas manifestaciones de ansiedad. Es prioritario desterrarle de la mente y controlar el comportamiento delante del niño.

“Al dejar a nuestros hijos en el jardín o con la persona responsable de su cuidado, por los motivos que sean, hay que razonar que no estamos haciendo nada malo y actuar de manera que reflejemos seguridad ante la decisión tomada”, aconseja la especialista.

Probablemente, después de unos días de adaptación, nuestro pequeño incluso querrá quedarse un ratito más en la escuela cuando lo vayamos a buscar o seguir jugando con su niñera a nuestro regreso a casa.

Si no logramos superar nuestra culpa, tal vez pueda ayudarnos la experiencia de otras madres; hablemos con ellas. No deben notar nuestra preocupación

Es posible que las primeras veces que se deja a un niño sin que esté habituado, llore o proteste. Otros, sin embargo, se quedan contentos. “Si están a gusto, se acostumbran enseguida -asegura la Psicopedagoga Pilar Suárez-. Cuando lloran, normalmente, es porque la madre les ha transmitido su ansiedad.

Otra causa puede ser que el chico haya estado enfermo unos días o terminen las vacaciones y tenga que reanudar el ritmo normal de vida. En cualquier caso debemos actuar con serenidad, paciencia y firmeza.” Según la especialista, en la intervención de los padres no se deberían olvidar estos puntos:

  • De acuerdo con su nivel de comprensión, podemos explicarle que nos tenemos que ir y que él debe quedarse a jugar con otra persona o en el jardín. A través del lenguaje corporal lo entenderá mejor.
  • No es aconsejable ceder a sus demandas. Si comprueba que puede conseguir que nos quedemos, lo hará siempre.
  • La motivación es clave. Podemos dejarlo realizando un juego o una actividad que le guste mucho. La televisión no es del todo aconsejable: este recurso es fácil, pero debemos valorar que todavía no pueda entender; sólo le llaman la atención las imágenes en movimiento y los colores. No es un estímulo acertado. Al volver -si no es durante sus horas de sueño- es importante prestarle atención y jugar con él.

Sin duda, debemos procurar siempre actuar guiándonos por el sentido común, sabiendo que las “separaciones progresivas” son necesarias para el logro de la independencia.

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