El sitio del bebe, el niño y su familia

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Moverse en libertadLa Dra Pikler, elaboró y aplicó un método original de cuidados y educación cuyos objetivos consisten en proporcionar a los niños un marco de vida estable, cuidados personalizados, entorno adaptado a sus necesidades y completa libertad de movimientos.

Libertad asegurada con ropa cómoda, espacio suficiente y ausencia de toda intervención por parte del adulto. De esta manera el desarrollo motor se realiza de manera espontánea, mediante su actividad autónoma, en función de su maduración orgánica y nerviosa.

Utilizó el método de observación directa.

El desarrollo motor de los niños a los que tratan de esta manera es más rico, más variado y de mejor calidad.

Las posturas que el niño realiza voluntariamente por su propia iniciativa en el momento en que sus músculos llegan a la maduración, se encuentran mejor estructuradas porque son los efectos de una coordinación del conjunto de las partes del cuerpo.

Pikler subrayó la importancia y la validez de la actitud no intervencionista del adulto respecto del desarrollo motor. El educador debe manifestar paciencia, dulzura y evitar manipularle, meterle prisa e intervenir intempestivamente en la aparición y en el desarrollo de sus funciones…

La ayuda que el adulto aporta al desarrollo del niño debe ser indirecta ha de consistir en la organización de un entorno adecuado a las necesidades de desarrollo de cada edad.

Secuencia de desarrollo de los movimientos por propia iniciativa:

Moverse en libertad

Basado en: Moverse en Libertad

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Primeros pasos, primeros zapatosAprender a caminar podría compararse, en cierto modo, con una carrera maratón. Al igual que los deportistas, los bebés entrenan durante meses antes del gran acontecimiento.

Aunque, a diferencia de lo que ocurre en la popular carrera olímpica, aquí no cabe el abandono: algunos llegan a la meta antes que otros, pero todos, tarde o temprano, la alcanzaron (para alegría y tranquilidad de los adultos, por lo general, excesivamente preocupados en que sea cuanto antes).

Cuando observamos a un recién nacido, tan torpe, tan limitado, cuesta imaginar que en tan sólo un año será capaz de hacer un montón de cosas. A los nueve o diez meses, ya podrá sentarse sin ayuda, y la mayoría empezará a gatear; al llegar a los 11 ó 12, se agarrará a los muebles para pararse; y, desde ese momento, se lanzará a dar unos pasitos con algún apoyo… Aunque también pueden pasar semanas o meses antes de que lo haga, y no por eso hay que angustiarse.

Lo que sí debería preocupar a los padres es la elección del calzado más adecuado para cuando empiece a desplazarse sobre sus pies. De hecho, durante sus primeros 11 meses la condición más natural es la de andar descalzo; los zapatos, e incluso las medias, no son absolutamente indispensables, salvo para resguardarlo del frío, la humedad o posibles lesiones, pero dejando siempre libertad de movimiento a sus pies.

Estos, que se encuentran en una etapa de crecimiento rápido, se ven sometidos a cargas no habituales. “Si no se les proporciona un calzado adecuado a los chicos -advierte el doctor Antonio Díaz, cirujano ortopédico y traumatólogo infantil-, se pueden dañar unos pies que han nacido sanos. Y si eso ocurre cuando da sus primeros pasos, tendrá que sufrirlo el resto de su vida.”

Nuestros pies son una sofisticada obra de ingeniería biológica, con sus 28 huesos, sus 33 articulaciones y una compleja red de más de 100 tendones, músculos y ligamentos. Tienen que recorrer un largo camino con nosotros y llevarnos a cuestas. Y para que la travesía discurra sin problemas, conviene cuidarlos, especialmente al principio, cuando son tan moldeables y, por lo tanto, fácilmente deformables.

El objetivo es no perder el equilibrio

El pie de un chico no es una simple versión a escala del de un adulto, sino algo muy diferente. No en vano, la forma de caminar de ambos tiene poco en común: el objetivo inmediato del pequeño es mantener el equilibrio, de ahí que tienda a caminar con los pies muy separados y apuntando hacia fuera.

Además, sus terminaciones nerviosas aún tienen que madurar, por lo que raramente se quejará aunque el calzado lo oprima; cuando esto ocurre, su forma de protestar es descalzarse insistentemente. “Por eso, el calzado para los niños debe estar adaptado a sus necesidades y no ser una réplica del de los mayores”, recuerda el especialista.

“Debemos prestar especial atención al talón, a la longitud, al ancho y a la zona que toma las cabezas de los metatarsianos, es decir, la parte más ancha del pie.”

Esta es la primera diferencia: su forma, ya que el punto más ancho se sitúa a la altura de los dedos, mientras que en el adulto está algo más abajo del comienzo de éstos.

El pie del pequeño, hasta los dos años de edad, es rollizo, flexible y blando. “El arco es menos rígido y una almohadilla de grasa le confiere el aspecto de un pie plano”, señala el traumatólogo.

El esqueleto de su pie también es diferente. Cuando empieza a caminar, sus huesos no están totalmente desarrollados; de hecho, algunos son todavía cartílagos, más blandos y flexibles, que reemplazará durante el crecimiento.

Elegir el más idóneo

Pero, si la condición natural del chico es la de caminar descalzo o con un calzado que Simule esta situación, ¿cómo saber cuál es el más idóneo? “Aquel que protege su pie sin deformar la marcha -explica el doctor-, que facilita la realización normal del paso permitiendo las variaciones de volumen que experimenta durante la marcha, que respeta la circulación sanguínea y, fundamentalmente, aquel con el que se siente cómodo.”

O dicho con otras palabras, el que respeta las formas y las dimensiones funcionales de los pies del chico, se adapta a sus movimientos y amortigua las cargas que se producen durante su actividad. Y los principales movimientos a tener en cuenta son: el de los dedos y despegue del pie del piso, el de torsión, el del arco plantar y el del tobillo.

Es importante controlar la longitud y el ancho de sus pies y compararlos con las medidas de las botas o zapatos. El calzado debe tener la forma natural del pie, sobrepasando 6mm su ancho y 12mm la longitud, ya que debe permitir el juego de dedos.

Deben ser flexibles en la parte anterior, para no comprimir el pie y permitir, a la vez, libertad de movimiento. Dicha flexibilidad en la suela depende del material y de su espesor: a esta edad se recomienda una entresuela fina (menos de 5mm) para que pueda percibir las irregularidades del terreno y con algún tipo de refuerzo en la punta que contrarreste el desgaste.

En cuanto al material, debe ser de cuero natural la horma y la suela (provista de> pequeñas piezas de caucho antideslizante), sin tinturas extrañas que puedan provocar alergias. Hay que vigilar el acabado interior, ya que costuras gruesas o mal rematadas pueden dañarle la piel. Es importante que la suela esté adaptada a las condiciones del terreno sobre el que vaya a caminar, siendo resistente para evitar torsiones laterales.

“Resulta muy beneficioso para el buen desarrollo del pie -recomienda el especialista- andar descalzo sobre terrenos blandos, como la arena de la playa o el césped”.

La suela debe tener un taco recto y, como máximo, de 15mm de espesor para facilitar el juego de articulación del pie. En cuanto al tipo de atadura del zapato, es indiferente siempre que éste quede bien sujeto, aunque el sistema de cordones permite abrir más el calzado facilitando su uso.

La articulación debe tener margen de movimiento, y ello lo permite la hebilla, el cordón o cualquier otro sistema de abrochado alto sobre el empeine, con una lengüeta suave y acolchada.

Respecto del tipo de calzado, no conviene que emplee siempre zapatillas. Y entre botas o zapatos no existen diferencias, si bien las primeras sujetan algo más un tobillo que aún se caracteriza por su debilidad.

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Beneficios de caminar durante el embarazoPrimero que todo hay que saber que todas las actividades fisicas deben consultarse primero con el medico que esta a cargo del embarazo, el medico hará las correspondientes recomendaciones para los ejercicios de la madre en la etapa biológica. La mujer embarazada y el bebé en gestación, saldrán altamente beneficiados.

“Probablemente el mejor ejercicio para una mujer embarazada es caminar, una excelente manera de tonificar los músculos, respirar aire fresco, mantener su cuerpo regular, y ayudarle a dormir bien por la noche, pero recuerde:. No se exija al punto del agotamiento como aocurre en el caso de las abdominales en el embarazo. Es mucho mejor tomar varios periodos cortos de agradables caminatas, paseos relajantes a lo largo del día en lugar de una larga y agotadora caminata. “. Fuente: Guide for Expectant Parents.

Caminar es una actividad que realizamos con frecuencia, no tiene un alto impacto que no resulta muy exigente si su ritmo es moderado, por eso, su realización proporciona grandes ventajas.

1. Ayuda a controlar el aumento de peso sin esforzar al organismo, debido a que es un ejercicio aeróbico pero de bajo impacto.

2. Activa la circulación sanguínea, lo cual previene los edemas y sus consecuencias, tales como la hinchazón de pies, hemorroides u otras.

3. Facilita el trabajo de parto debido al balanceo pélvico que se produce durante la caminata.

4. Al fortalecer los músculos de las piernas, este ejercicio en el embarazo permitirá llegar con fuerza al momento de dar a luz y evitar los calambres en dicho momento tan especial.

5. Favorece la recuperación posparto al proporcionar fuerza, tonicidad y mejorar la forma física en general.

6. Caminar al aire libre llena de vitalidad a las embarazadas, mejora la oxigenación de su organismo y el del bebé, y previene estados emocionales negativos como la depresión.

Los beneficios de caminar durante el embarazo son innumerables, pero nunca olvides seguir las indicaciones de tu médico, quién sabrá si ésta y otras actividades son oportunas en cada caso particular.

Además, hay algunos consejos respecto a la actividad física como el embarazo y los ejercicios abdominales, que conviene respetar para que el embarazo reciba correctamente todas las bondades del ejercicio.

Siempre que sigamos las recomendaciones de profesionales conocedores del tema, no debemos alarmarnos y disfrutar junto al bebé, de los efectos positivos que nos ofrece la caminata durante el embarazo.

Fuente: www.articulo.org/7333/miguelx2

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“Una profunda transformación”

Andadores peligrososHay dos mitos acerca de los andadores: que enseñan a caminar y que son seguros.  De acuerdo a lo que hoy día se sabe, los andadores en realidad enlentecen y dificultan el proceso de aprendizaje de la marcha: en realidad disminuyen la ejercitación de los músculos de los muslos y las caderas, indispensables para la marcha.

Además, eliminan la motivación para caminar, ya que le permiten al niño andar mas fácilmente. Y a los niños con handicaps les dificulta el progreso, induciéndolos a desarrollar movimientos compensatorios anormales.

Los servicios de urgencia pediátricos atienden cientos de accidentes ocurridos con andadores. Los traumatismos de cráneo son especialmente frecuentes, cuando los andadores se precipitan por escaleras o vuelcan a raíz de pasar por un escalón entre niveles.

Pueden volcar al enredarse en alfombras, umbrales de puertas, etc. Pueden permitir acercarse al niño a hornos o estufas donde se quema, caerse al traspasar el cordón de las veredas (de la calle o dentro de jardines, parques, etc) y caerse dentro de piletas de natación.

LOS ANDADORES ESTAN DENTRO DE LOS PRODUCTOS MAS PELIGROSOS DE ACUERDO A LA REVISTA “CONSUMERS REPORTS” DE ESTADOS UNIDOS.

Tanto la Academia Americana de Pediatría como la Consumers Union instan firmemente a los padres a no usarlos.

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Aprendiendo a caminarEl niño que aprende a caminar lo hace a intervalos. Cuando se fatiga, se sienta inmediatamente o bien adopta la posición de cuclillas. Es un error grave, contrario a las leyes naturales que rigen su desarrollo, obligarlo a incorporarse y proseguir la marcha.

La madre y quienes cuidan al niño deben vigilar atentamente las evoluciones del nuevo “caminante” de la casa. Un golpe malo puede traer, como consecuencia lógica, el atraso motriz que provoca el temor a sufrir otra experiencia dolorosa y desagradable como aquella.

Es necesario aquí no forzar al niño a caminar contra su deseo. Dejarlo “recordar” sus experiencias felices anteriores.

Seguramente, recurrirá al gateo; se parará sosteniéndose, reclamará ayuda otra vez para caminar, y todo esto le devolverá la perdida confianza en las propias fuerzas y el problema habrá desaparecido.

Tratar -como suelen hacer muchas madres- de hacer caminar al bebé antes de tiempo, trae siempre, como consecuencia, una frustración emocional y una deformación física. Huesos y articulaciones se ven forzados a mantener una actitud para la cual no están preparados.

Ayudar a crecer será siempre la más hermosa misión de la mamá.

Descalzo ¿sí o no?

Este interrogante es uno de los primeros que se formulan en cuanto el bebé es capaz de caminar. Mientras unos aconsejan a la madre dejarlo descalzo, otros indican lo contrario.

Como siempre, el término medio sale triunfante de la polémica. Pero veamos por qué: varios son los factores que deben sopesarse a fin de adoptar la actitud que más beneficie al niño. La temperatura del suelo sobre el cual camina el bebé; la textura del suelo; la temperatura ambiental; la calidad del calzado.

El niño no debe caminar solo sobre el piso duro y liso. Es conveniente que use allí un calzado flexible como su propio pie y que ofrezca a su bóveda plantar un apoyo anatómicamente construido.

Dentro de ese zapato, los dedos mantendrán su posición natural, extendidos y algo separados entre sí, en situación de reposo. El dedo gordo conservando la línea que se prolonga a lo largo del arco interno y no dirigido hacia los demás dedos.

El calzado debe permitir al bebé realizar los movimientos de presión sobre el suelo, que tan magníficamente realizó en los meses anteriores. Si es ajustado o rígido, este movimiento no puede ejecutarse.

Comienza aquí una verdadera atrofia muscular y el desequilibrio de las fuerzas que estos músculos realizan, pues no pudiendo apoyarse sobre los huesos en posición normal, traccionan de ellos defectuosamente.

La hermosa bóveda del pie de su bebé espera que usted la proteja hasta que él pueda hacerlo por sí solo.

Déjelo caminar descalzo, sobre cualquier terreno que se adapte a su huella. La arena, los suelos arcillosos, los montículos de tierra removida, ofrecen al pie infantil la mejor oportunidad de ejercitación que pueda esperarse.

Cuando la temperatura es baja o existe el temor de lastimaduras a causa de los accidentes comunes del terreno (astillas, piedritas, vidrios) proteja los pies del bebé con gruesas medias que se adhieran suavemente. Observe si son cómodas, no deben ser chicas ni grandes ni caerse sobre el tobillo.

Camine usted primero sobre la zona en que lo hará él, procurando librarla de todo objeto que pueda lastimarlo, y sobre todo no lo prive de esta experiencia que le proporcionará salud y alegría.

Para seguir leyendo sobre este tema, visita también Primeros pasos, primeros zapatos y Consejos al caminar.

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