El sitio del bebe, el niño y su familia

osos

por Lucia Alcazar Lara

Los osos amorosos O sita y Oso se conocieron en el contenedor de basura. Oso estaba un poco deprimido porque el niño al que pertenecía desde hace ocho años lo había tirado a la basura. Tenía sólo un ojo. Estaba un poco sucio y tenía una de las patas rotas.

Osita también estaba muy sucia y le faltaba la nariz y una oreja. Y estaba triste. Decía que nunca más iba a confiar en un niño, que todos eran unos egoístas.

Los dos se enamoraron a pesar de todo y se olvidaron de sus penas.

Estuvieron contándose muchas cosas sobre cómo habían sido sus vidas hasta que un fuerte ruido les asustó. Se asomaron y vieron que un camión levantaba el contenedor y lo inclinaba para vaciarlo en el camión.

Oso y Osita intentaron escapar pero ya era demasiado tarde. Para no separarse se cogieron de las manos y juntos cayeron encima de un montón de bolsas de plástico y restos de basura. Había de todo, comida, plásticos, bolsas, madera, juguetes…

De pronto oyeron una voz que decía algo así como:

-Estamos perdidos, estamos perdidos”.
– ¿Quién está ahí?, preguntaron.

De debajo de un a bolsa negra, salió un conejo rosa.
-Hola ¿Sabes adonde nos lleva este camión?
-Vamos a la planta de reciclaje. Allí nos convertirán en otra cosa. Primero nos aplastarán, nos estrujarán hasta sacarnos todo el jugo y después nos estirarán y harán con nuestros plásticos una nueva cosa- dijo el conejo.

Oso y Osita se cogieron más de la mano y decidieron que no se soltarían jamás.
-Seremos una sola cosa, sea lo que sea- dijeron.
– Que envidia me das, ojalá yo también tuviera a alguien con quien compartir mi desgracia- dijo el conejo.

En el punto de reciclaje, el camión descargó toda la basura.

Esas Navidades apareció en las jugueterías los ositos amorosos. Eran un oso y una osa unidos por las manos y sentados en un cojín rosa con forma de corazón.

FIN

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